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La Responsabilidad Socioambiental
toma protagonismo entre las empresas del país

por Juan Ignacio Manchiola

La Responsabilidad Social Empresaria (RSE) no puede considerarse una moda pasajera. Ya es parte vertebral de muchas firmas en el país y un cambio en la relación entre el sector privado y la sociedad. RENA consultó a expertos del sector sobre el compromiso empresario en materia ambiental. Mientras que las grandes firmas se acercan a criterios sustentables, con diferencias según el sector productivo, las PyMes, “más rezagadas”, parecen depender de la conciencia de sus dueños.
“El compromiso empresario con el medio ambiente es relativo: depende del sector productivo, de la región en la que está inserta la empresa y, fundamentalmente, de cuánto ha prendido en el CEO, dueño, Presidente, la idea de que su empresa es también un agente de cambio”, explicó Fernando Legrand, Editor Periodístico de www.rseonline.com.ar. El principal obstáculo, dijo, es la falta de inversión en tecnología y la falta de promoción de esa inversión desde del Estado.
Con menos difusión popular, pero con grandes movilizaciones en las empresas más estrechamente involucradas al impacto ambiental, ha aparecido la máxima ‘el que contamina paga’. En esa línea está la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y el manejo responsable de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), “como las tendencias con mayor fuerza en el marco de la sustentabilidad”, explicó Marita Copes, del portal especializado Código R (www.codigor.org).
“Hace casi 10 años que se está diciendo que la RSE es una moda. A nuestro entender, sin RSE no habrá negocios en el futuro. La crisis es un ejemplo. El mercado se está encargando de poner los incentivos, y los gobiernos deberían ayudar por ese lado también. Las PyMes todavía vienen un poco demoradas, pero de a poco, sobre todo las que exportan, se están sumando”, afirmó Alejandro Langlois, Premio al Periodismo de Responsabilidad Social Empresaria (2005) que otorgan la Red Puentes, la Agencia Novib y el Gobierno de Holanda, y director de ComunicaRSE (www.comunicarseweb.com.ar).
Hay tantas definiciones sobre la RSE como autores. Para el Pacto Global (Global Compact) de Naciones Unidas, es “una nueva manera de hacer negocios en la cual las empresas tratan de encontrar un estado de equilibrio entre la necesidad de alcanzar objetivos económicos, financieros y de desarrollo; y el impacto social y ambiental de sus actividades”. Los pilares son tres (triple bottom line): el medio ambiente, la comunidad y los recursos humanos.
Recientes datos del Banco Mundial confirman la importancia de esta nueva forma de entender los negocios. Según este organismo, en 2005, de las 100 economías más grandes del mundo, 51 eran corporaciones. Se estima que ese número ha crecido por fusiones posteriores. Esto configura un marco de poder económico en manos de Consejos Directivos privados, en lugar de atributos democráticos a través de la participación de los ciudadanos en la elección de sus dirigentes políticos.
La empresa pasó de ser un productor del mercado con la consigna de calidad posicionada en los `90 a ser un actor social que si bien tiene el mayor poder también debe asumir el valor agregado de la responsabilidad, como nuevo paradigma instalado en este tercer milenio. Según palabras del Secretario de la ONU Ban Ki-moon, “Quien tiene más poder, tiene más responsabilidad”.

“Hay de todo”
Para Legrand, de RSE Online, quien indague sobre las empresas socialmente responsables en material ambiental va a encontrarse con un poco de todo. Y puede caer en el error de confundir RSE con Marketing Social.
“Un ejemplo claro es un programa nuevo que lanzó Philips esta semana, que en realidad no es un programa de RSE sino que es una invitación para que todos les compremos lamparitas de bajo consumo y de ese modo contribuyamos a disminuir el incremento alarmante de los Gases Efecto Invernadero. Algo genial, con lo que todos estamos de acuerdo, pero no es RSE”, aclaró.
“El compromiso empresario con el medio ambiente es relativo: dependiendo del sector productivo del que hablemos, de la región en la que está inserta ese empresa y, fundamentalmente, de cuánto ha prendido en el CEO, dueño, Presidente o como quieras llamarlo, la idea de que su empresa es también un agente de cambio”.
“El principal obstáculo es entonces la falta de inversión en tecnología (empresas que operan en zonas agrícolas o con grandes extensiones pueden invertir en energías alternativas y no lo hacen) y la falta de promoción de esa inversión por parte del Estado”.
En el caso de las PyMes, “depende mucho de las grandes empresas para las que son proveedoras, de las exigencias que le reclaman. Pero en este caso, más que en ninguno, si la idea de la RSE no prendió en el dueño de la empresa, no existe empresa responsable”.
Para el experto, desde cuestiones mínimas, como utilizar lámparas bajo consumo, separar residuos, usar canillas con sistema de corte automático, hasta el diálogo con cada una de las partes con las que esa PyMe se relaciona, son cuestiones que van a depender de la visión del líder de esa empresa, y de él, hacia abajo.
Según Copes, de Código R, al estar más cerca de la gente, las PyMEs tienen entornos más propicios en lo que puede estimarse un “avance” natural en el desarrollo de prácticas responsables (o buenas prácticas).
“Pero también tienen más resistencias a algo que desconocen o de lo que desconfían, porque en general los sobrepasa el prejuicio de la RSE como iniciativa para grandes empresas. Cuando se predisponen a conocerla y preguntan en forma desestructurada, amistosa, menos formal, empiezan a comprenderla y a evaluar cuánto llevan adelantado por ‘cultura o tradición’”.
Justamente, Código R realizó una encuesta sobre PyMes para la Cámara Argentina de Comercio. La Revista Apertura la consideró una estrategia entre las destacables en 2007 como única aproximación al sector. Los datos obtenidos fueron ratificados este año. (http://www.codigor.com.ar/resultados_consultapymes.htm)

La vanguardia
Para pensar en una evaluación ambiental hay que codificar tres dimensiones de la Responsabilidad, que hoy ganan la agenda empresaria, y en tres conductas precisas y diferentes, “fundamentales en una consideración constructiva sobre la realidad que necesitamos/deseamos transformar, en forma gradual, inclusiva y sustentable”, aclaró Copes.
Las dimensiones básicas de la Responsabilidad hoy se abordan a través de un formato de RSE, que incluye la articulación de los valores social, económico y ambiental, en lo que se llama “triple línea de valor”.
En este último tiempo, las 3 R (reducir, reutilizar, reciclar) han irrumpido en el ámbito empresario como una práctica que facilita el cuidado de los recursos naturales, “aunque aún no se las relaciona con los indicadores ambientales de la RSE, a pesar de ser una práctica visible, que bien puede traducirlas o aplicarse en la implementación de tal iniciativa”.
“Con menos difusión popular, pero con grandes movilizaciones en las empresas más estrechamente involucradas al impacto ambiental, ha aparecido la máxima ‘el que contamina paga’”. En esa línea están la Responsabilidad Extendida del Productor y el manejo responsable de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, como las tendencias con mayor fuerza en el marco de la sustentabilidad. “Las dos últimas integran el fenómeno crítico de la RSE y su proyección en el Desarrollo Sustentable”.
La REP se define como la ampliación de las responsabilidades de los productores a la etapa de post consumo en el ciclo de vida de sus productos. Se basa en que las implicaciones legales de las empresas en relación con el impacto al ambiente no acaban con la venta de sus productos. El productor no sólo se encarga del nacimiento del producto sino que también de la disposición final (o muerte). El cuidado va “de la cuna a la tumba”.
La gestión de los RAEE hoy concita inquietudes y convocatorias a expertos para definir las mejores técnicas, prácticas y alternativas posibles en los procesos de reciclado (que aseguren la recuperación de materiales reciclables) y el tratamiento adecuado de los desechos peligrosos. Para eso se ha conformado la Plataforma RELAC, con la promoción de asociatividad para profundizar las soluciones del problema de los residuos electrónicos en Latinoamérica, informó la especialista.

Cuando empieza a jugar la ética
“Si se considera que pagar otorga derechos para contaminar estaríamos haciendo una lectura ingenua y demasiado escasa ante la gestión de excelencia operativa y reputación que pregonan las empresas. Estimamos que se sobreentiende que esto requiere avanzar en políticas ambientales coherentes con conductas éticas, de promoción en el uso y consumo responsable de los recursos naturales, de mitigación sobre los perjuicios asociados a la producción y de las compensaciones (correcciones) de los daños provocados hasta el momento”, aseveró Copes.
“Detener la contaminación es necesario, pero no es suficiente, sobre todo para aquellas empresas que insumen recursos naturales en la producción de las ofertas que vuelcan al mercado. Esta es, quizás, una de las situaciones que más depende de la calidad de autocrítica de los directivos a cargo de transferir garantías a sus accionistas y ganar confianza (reputación) entre los demás grupos de interés con quienes interactúan (públicos interno y externos)”, aclaró.
Otra variable interesante es el grado de involucramiento de una empresa con los recursos naturales. Ese dato “resulta definitivamente esclarecedor a la hora de evaluar qué coherencia posiciona, a través de sus decisiones institucionales; si las prácticas de RSE están alineados a su core business (corazón de sus negocios).”
Un ejemplo: una automotriz con acciones solidarias en escuelas que aporta libros, útiles escolares, pintura del establecimiento, sin plantearse la posibilidad de brindar unidades móviles para el traslado de maestros y alumnos en lugares remotos.
“Como la contrapartida más reciente, estamos observando prácticas de promoción y programas de Seguridad / Responsabilidad / Educación Vial por parte de automotrices, petroleras y aseguradoras, ocupadas en mitigar los accidentes de tránsito, con cifras en incremento crucial”.

Nada de moda
“Decir que la RSE es una ‘moda’ ya no forma parte de la discusión. Es extemporáneo. Por más que venga una empresa que ni siquiera lo había sentido nombrar al término, la Responsabilidad Social hace rato que dejó de ser una moda. Y sí, es el comienzo de algo fundamental: sustentabilidad para cualquier empresa o emprendimiento que se genere sobre estas bases de valores, transparencia, ética y justicia”, aclaró Legrand. “Cada vez son más las empresas y consumidores que dejan de lado a una empresa o una marca por su accionar de responsabilidad. Y esto va ir creciendo constantemente”, anticipó.
“Hace casi 10 años que se está diciendo que la RSE es una moda. A nuestro entender, sin RSE no habrá negocios en el futuro. La crisis es un ejemplo. El mercado se está encargando de poner los incentivos, y los gobiernos deberían ayudar por ese lado también”, dijo Langlois, titular de ComunicaRSE.
“Ya no es fácil sostener la idea de moda y menos aún la de vacío de contenido. Las grandes compañías creen que la RSE no sólo responde a una demanda de los grupos de interés, sino también a los propios intereses empresariales”, coincidió Copes.
La RSE es un “considerando” activo en toda empresa que pretenda ser sustentable, término actual, inherente a la calificación de estatus o performance de desarrollo. “Tiene mayor visibilidad en las corporaciones internacionales, donde es una exigencia global, para aplicar ante los mercados del mundo, luego de inéditos fraudes y hechos de corrupción que minaron la confianza pública y privada de los inversores”.
En general, las filiales o capítulos nacionales reciben los lineamientos de implementarla, pero la decisión de tiempo y forma queda en manos de los CEOS locales, explicó.
Se la define como una nueva forma de hacer negocios, en la que deben demostrar “cómo ganan su dinero”, si a costa de su gente, de los recursos naturales, y “cómo interactúan” con sus grupos de interés, clientes, comunidad, proveedores. “No obstante y tal vez como algo impertinente o subjetivo, percibimos más condicionamientos y compromisos de reputación, que convicción o ética al incorporarla”, reveló.
“Nos deja un gran margen de dudas si la confusión con las prácticas filantrópicas o las acciones a través de las fundaciones son ingenuas o parte de una intención oportunista. Lo cierto es que si algo hacen en beneficio de la comunidad bienvenido sea. Pero procuremos ejercitarnos en una lectura crítica, con propuestas de intervención sobre los puntos de ajuste, que contribuyan al establecimiento del sistema de corresponsabilidades que debemos construir para las generaciones presentes y futuras”.

El ser argentino
“No podemos transportar modelos exitosos, ajenos a nuestra cultura e idiosincrasia”, recomendó la experta, basándose en resultados de una encuesta propia. Esos datos, dijo, confirmaron “una alerta significativa entre la preferencia a buscar un culpable, antes de asumirnos responsables, reflejado en el clásico ‘la culpa es de otro, yo, argentino’”.
Y esa es sólo la punta del iceberg de las señales ampliadas en la investigación “Cómo somos los argentinos” de TNS Gallup para La Nación: individualistas, infractores de la ley, personas que prefieren caminos fáciles, que no suelen cumplir sus promesas.
“Excluimos la intención de juicio, quién es mejor o quién es peor. Interpretamos que debemos conocer cuán diferentes somos para apropiarnos de las prácticas socialmente responsables y dar crédito a otro de los refranes cotidianos: ‘lo bueno es conocer nuestras limitaciones’ para actuar a conciencia”.

Algunos datos que ilustran el fenómeno
Según Código R, casi 300
(1) entidades argentinas firmaron el Pacto Global (PNUD) desde 2004.
Desde 2006 funciona el Centro Nacional de RSE y Capital Social, operativo en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
En junio de 2007, la consultora Mercedes Korin presentó el Mapeo Nacional de Promotores de RSE. Los resultaros revelan la existencia de 87 promotores y 633 instituciones vinculadas.
Existe una treintena de medios especializados en la producción de información periodística (agendas y boletines electrónicos, programas de radio y TV).
En la Capital Federal está vigente pero aún sin reglamentar, la Ley 2594 de Balance de Responsabilidad Socio Ambiental (BRSA), que exige a las empresas de más de 300 personas y facturación superior a los niveles fijados por la Disposición 147/06 de la SEPYME, que presenten su BRSA hecho por profesionales idóneos.(2)
 

Buenos Aires, 16 de octubre de 2008 (RENA)

 

Notas de Código R
(1) A la fecha, son más de 370 las organizaciones que adhirieron a los Principios del Pacto Global en Argentina; dando forma a la red más grande de responsabilidad social corporativa del país. Link al sitio oficial http://www.pactoglobal.org.ar/content.asp?id=2 
(2) Mas info particular, desde aquí http://www.codigor.com.ar/brsa.htm