Compartimos aquí los fundamentos espirituales y culturales de mottainai.
Ampliamos los motivos de su trascendencia en los aspectos de la vida personal,
familiar, laboral, social, en los que tantas veces no reparamos debidamente
...

"Mottai" es originalmente un término budista que hace referencia a la esencia de las cosas. Traduce el sentido de no desperdiciar los recursos, sino utilizarlos eficientemente, con conciencia y gratitud. También se aplica a todo en nuestro universo físico, lo que sugiere que los objetos no existen en forma aislada sino en intrínsecas relaciones.

"Nai" es una negación (con sentido de repudio) a los lazos que unen a todos los seres vivos y entidades materiales. También es un grito de guerra para restablecer esos vínculos y reafirmar la importancia de tratarlos con sumo cuidado.

 

Nuestra instrumentación 
Cómo acercarnos al sentido y la práctica del Mottainai, Saturnino Herrero Mitjans 
Mottainai en las NeurOrganizaciones, M.Copes

   Información de Archivo  Nuestro encuentro con el concepto, en 2007  
Cultura del Mottainai, Daniel Miyagi    El Espíritu Mottainai, Evelyn Mendoza 
Virtud  Oratoria de Oshimichi Ichikawa   En las 3 R: furoshiki y bolsa (shopping bag) 


 

  Nuestra Instrumentación

Proponemos
conocer
mottainai
para luego actuar en consecuencia ...

Lo reformulamos como aporte sustancial en la implementación de la Responsabilidad Social y el Desarrollo Sustentable - Sostenible.

Reelaboramos la práctica de Japón, como pionero de  mottainai  en la promoción de las "3R": reducir los residuos, reutilizar los recursos finitos y reciclar lo posible, para contribuir a la protección del ambiente

y  lo ampliamos en los valores sociales y económicos, con sus efectos trascendentes en los Derechos Humanos y la Paz Mundial.

En nuestra organización, signamos a "Mottainai" como un llamado de atención y reparo en los hábitos de usos y relaciones que acostumbramos con los objetos animados e inanimados.

Tomamos su sentido de tristeza ante nuestra desaprensión por lo que desperdiciamos (por desconocimiento o falta de conciencia) pero fundamentalmente lo contraponemos a la motivación autocrítica  que nos exhorta a poner cuidado (respeto) en cómo, por qué y para qué modificar nuestros actos en una forma más  responsable, solidaria y ciudadana.

Aquí pueden bifurcarse ideas, pensamientos y acciones que, aunque bien intencionadas y correctamente justificadas, den la razón a complejos intereses y situaciones ... entonces será necesario "acordar" moral, ética, material y culturalmente qué estamos desperdiciando y qué podríamos aprovechar en lo que se está haciendo "aquí y ahora" y en sus efectos posteriores.

Pensar, sentir y hacer de MOTTAINAI una herramienta de cambio social implica articular:
la
persona  agente de cambio: ejecutor
lo
social  comunidad: receptores que aprueban, debaten u oponen
el
contexto  colectivo social determinante y determinado por usos y costumbres localizadas

Esto nos lleva a poner en claro, que las herramientas en sí mismas no sirven de "casi nada",
sólo adquieren real valor cuando
* se las dota de sentido "para cubrir una determinada necesidad objetivo" y
* se las ubica dentro del contexto particular "para una cierta resolución posible"
* se las ejercita con el compromiso de "hacer nuestra parte" sabiendo que es "parte del todo".

En síntesis, no se trata de algo nuevo, sino de una nueva forma de observar, sentir y hacer con una visión más abierta, interdisciplinaria, flexible y estratégica ... como el mayor desafío que nos espera en este 2012 complejo y movilizado desde todos los ámbitos.

 

 

 

Este ensayo es otro de sus aportes elaborado en la
segunda actividad del Ciclo Código S

  Cómo acercarnos al sentido y la práctica del Mottainai,
 
por Saturnino Herrero Mitjans*

 

                 por la calle del mañana se va a la casa del nunca”
                 Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)           

La ambientalista keniata Wangari Maatahai –Premio Nobel de la Paz 2004- promovió la difusión del concepto de “mottainai” con la expresión aproximada de “reducir – reusar – reciclar”; en 2005Wangari redescubrió este vocablo japonés, en ocasión de una actividad vinculada con el Protocolo de Kyoto, si bien encontró similitud con equivalentes en inglés y swahili, la voz en japonés se generalizó.

En primer término esta idea o concepción se relaciona con el derroche consumista y la necesidad de cuidar los recursos, controlar nuestro abuso y mal uso de los mismos, tomar a la vez conciencia y cuidado en su manejo, reducir su consumo, reutilizarlos todo lo posible y por último reciclar los consiguientes remanentes residuales tanto de contenido como de envase.

Pero la noción de “mottainai” no se limita a los bienes y recursos materiales, es mucho más amplia y abarca todo tipo de manifestación humana, como el cuidado de los otros, las relaciones con los demás y cualquier otra forma de interacción humana directa o indirecta; a poco que nos adentremos en ella, descubriremos la profundidad que puede alcanzar el “mottainai”.

Sin embargo, estos conceptos que aparecen como claros, entendibles y loables, no siempre nos resulta fácil llevarlos a la práctica, pues dado el apuro o la circunstancia, solemos posponer su aplicación práctica para otro momento, cuando tengamos tiempo; nos cuesta ver el “mottainai” como una práctica a llevar a cabo en el “aquí y ahora”, pero nos prometemos hacerlo en el “allá y entonces”.

Tal vez esto ocurre porque para tener cuidado por las personas y los recursos, primero tenemos que tomar conciencia de ello, tener nuestra mente alerta y preparada, no quedarnos con el simple enunciado promocional de “mottainai” y penetrar en su sentido profundo, entenderlo y hacerlo nuestro. El propósito de esta nota es intentar desentrañar algunas claves que nos ayuden en tal sentido.

La palabra “mottainai” viene de la tradición Buddhista japonesa
[1] (1247 EC); en su sentido original se relaciona con la dignidad intrínseca o sacralidad (trascendencia) de la persona, materia u objeto en cuestión y la pena por su desatención o mal uso; un primer paso es descubrir ese sentido intrínseco, poder “darse cuenta” que hay dentro y también detrás de quién o qué está ante nosotros.

Un ejemplo simple nos ayudará a entender este punto central: al adquirir una barra de sabroso chocolate semi amargo, poder plantearnos cómo llegó hasta nosotros, quién lo elaboró, quien lo empaquetó, quién imprimió la etiqueta, cómo aparece en el kiosco donde la compramos, etc., pero también poder explorar más en profundidad e ir más allá de la existencia material de la barra y su envoltorio.

Vale entonces preguntarnos un poco más e indagar de dónde viene la materia prima con que está hecha esta barra; dónde, cuando y quién sembró y cosechó los granos de cacao, cuáles son las condiciones de vida de quienes trabajaron para producirlos, niños, adultos, con trabajo esclavo o no, hasta llegar a cómo y quienes hicieron posible su llegada a la planta elaboradora de chocolate en bruto.

Hacernos todas estas preguntas nos ha de llevar a “darnos cuenta” y así poder reconocer todo el valor que esa pequeña barra de chocolate encierra y representa, no sólo como contenido material, sino en cuanto al esfuerzo humano puesto en juego para hacerla posible, y por último ubicarla en la vidriera o góndola de la cual la extraemos, por medio de una transacción dineraria previa.

El “darse cuenta” no es una actividad fácil y espontánea, pues no se trata de aprender unos ejercicios, sino de abrirse a la experiencia, esto es comenzar por “despertarse” y entender, sin intermediaciones, quién o que es lo que está frente a nosotros, para luego “darnos cuenta” qué hacemos nosotros ante esa persona u objeto de consumo, qué representa para nosotros y porqué estamos frente a él.

Esto último nos lleva a otra consideración vinculada estrechamente con el “mottainai”, pues también se relaciona con el derroche consumista, el “darnos cuenta” nos tiene que llevar a preguntarnos porqué y para qué queremos consumir lo que consumimos. Caben aquí numerosas preguntas: ¿por necesidad?, ¿por puro gusto?, ¿por exhibicionismo?, ¿por afán de poder?, o simplemente ¿por necedad?.

Sin duda el principal motor de nuestra avidez por el consumo y por la dominación de los otros, es el deseo de ser o parecer más; cuanto más poder o bienes se tienen, más se quiere poseer y más se sufre la carencia banal o se siente la envidia por lo que tienen los demás; por lo tanto un paso fundamental para controlar el derroche es llegar a consumir sólo lo que necesitamos.

Esto no supone en modo alguno aceptar o conformarse con las limitaciones a la satisfacción de las necesidades básicas de toda persona humana, nuestra sociedad cuenta hoy con un alto nivel de personas carenciadas o limitadas en su acceso a los bienes básicos de techo, alimentación, salud, educación y seguridad que no se puede ignorar. Por contraste otros acceden con avidez a un mayor consumo.

No se trata de plantearnos el no consumo como una limitante desde una perspectiva de sacrificio (dolor) sino por el contrario lograr poder hacerlo desde una perspectiva de libertad (autonomía), poder prescindir con alegría de aquello que no necesitamos; superar la presión cultural y publicitaria que incita de modo inacabable al poder y al consumo, como un propósito esencial de nuestra agenda.

De este modo podremos ser nosotros mismos, superando la alienación de la vida cotidiana, y decidir con libre albedrío. Para ello es necesario “despertar” y luego “darnos cuenta”. “Despertar” es tomar conciencia de nuestro estado y la situación que nos rodea, el “darse cuenta” es ir más allá, al poner en perspectiva las prioridades para producir un cambio en nuestra realidad y actuar en consecuencia.

Este es el único camino para superar el dolor, lo cual supone reducir nuestros deseos de tener/poder y la consiguiente insatisfacción por no tener. ¿Difícil de lograr? sin duda… ¿Imposible? en modo alguno, pues está en nosotros -y sólo en nosotros- la posibilidad de “despertar” y el impulso necesario para llegar a “darnos cuenta”, pero de inmediato surge la pregunta: ¿pero cual es el camino?

Hace 2500 años un hombre llamado Siddhartha Gautama, el “Buddha” (o el Iluminado), propuso un plan de vida para lograr superar el dolor y la insatisfacción. Lo llamó “el camino de los ocho senderos”. Cada sendero supone una actitud/acción de vida para alcanzar lo que uno se propone, pero sin plantearse un objetivo de llegada, pues el logro está en aprender a recorrer el camino.

Los ocho senderos definen –como dijimos- una propuesta de vida, pero en modo alguno indican un deber se deseado que distingue lo bueno de lo malo, sino poder “darse cuenta” en cada situación cuál es el comportamiento moralmente más adecuado, propósito moral que se corresponde muy de cerca con el que planteara Immanuel Kant en su “Metafísica de las costumbres”.

Decía Kant: “elévese el comportamiento individual a una categoría universal y evalúense sus consecuencias”, en otras palabras: generalizar un comportamiento personal y analizar las posibles consecuencias si ese acto individual fuese llevado a cabo por todos; es lo que Charles Wright Mills llamó “la imaginación sociológica”: proyectar socialmente las acciones privadas y sus derivaciones.

Este concepto de lo moral es clave para el “mottainai”; si cada uno de nosotros piensa que un pequeño acto privado, como derrochar agua, no es importante, pues nadie lo sabe ni lo tendrá en cuenta, basta con pensar qué pasaría si todos hiciésemos simultáneamente el mismo derroche. Otro tanto ocurre con un mal trato a otros, la negación del saludo, la respuesta intempestiva.

Tal vez pensamos que se trata de algo intrascendente, que no tiene importancia alguna; sin embargo marca una forma de comportamiento que tiende a reproducirse, lo cual deteriora la calidad de la interacción ya sea en un grupo o en una organización. Sin duda se puede especular que se trata de una mera suposición, y pensar que nunca se da esa coincidencia de acciones.

Sin embargo en numerosas situaciones cotidianas ocurre lo contrario; por ejemplo la saturación de líneas telefónicas, producto de simultaneidad de llamadas personales en ocasión de las fiestas de fin de año o la congestión automovilística en horas pico o al regreso de vacaciones o un fin de semana largo. Son crisis no queridas en el comportamiento colectivo, producto de decisiones individuales.

Pero volvamos a los ocho senderos de Buddha, quien los planteó no como preceptos religiosos, ni como una teoría filosófica, sino lisa y llanamente como una práctica de vida, algo para hacer aquí y ahora y no para parecer o aparentar; estos son:
 

 

1. adecuada visión
2. adecuada intención
3. adecuada expresión hablada
4. adecuada acción
5. adecuado modo de vida
6. adecuado esfuerzo
7. adecuada percepción
8. adecuada concentración (meditación)

Es importante señalar que Buddha no enunció estos senderos como “correctos”, utilizó la palabra “samma” (sánscrito) que a veces con ligereza se traduce como “correcta”, cuando en realidad quiere decir que se corresponda con la situación, por eso usamos el término “adecuada/o”. Otro aspecto importante a tener en cuenta es que los ocho caminos no se presentan en forma secuencial sino que operan de modo simultáneo en forma sistémica.

Se los puede articular en tres conjuntos: Sabiduría (1 y 2), Conducta moral (3, 4 y 5) y Desarrollo Mental (6, 7 y 8), los que a su vez operan de modo interconectado entre sus componentes. Así por ejemplo no puede haber “adecuada percepción” sin una “adecuada visión” ni “adecuada expresión hablada” sin “adecuada intención”, ni “adecuado modo de vida” sin “adecuada acción” y “adecuado esfuerzo”.

Pero la “ajustada acción” requiere a su vez de “adecuada visión” y “adecuada intención”, y así podemos seguir haciendo las distintas combinaciones posibles de todos los senderos, encontrando que la apropiada ejecución de uno requiere siempre de la consiguiente de otro u otros, lo cual denota el funcionamiento del todo como un conjunto cuya resultante será mayor que la mera agregación de sus componentes.

Sin duda el octavo camino “adecuada concentración/meditación” ilumina todo el resto pues es el trabajo interior que apuntala el crecimiento. Pero qué difícil es lograr concentración en medio de actividades diarias que con sus demandas y dilemas tienden a dispersarnos. Un modo de iniciar el aprendizaje de la concentración lo encontramos en un trabajo de Narciso Irala, sacerdote jesuita que estuvo mucho tiempo radicado en Japón.

Por los años 1950/60 Irala, a partir de la experiencia de haber conocido en Japón el Buddhismo Zen, escribió un libro de amplia difusión en esa época: “Control mental”; en el cual proponía, entre otros, un simple ejercicio de concentración: comenzar a prestar atención sobre como nuestros pies se apoyan para caminar y hacerlo durante el lapso de una caminata mediana y así ir reconociendo de a poco todo el movimiento del cuerpo.

Sin duda se trata de un ejercicio simple y al alcance de cualquiera, que no requiere de ninguna preparación previa, pero que nos puede ayudar en el “despertar” acerca de nosotros y nuestro medio y así “darse cuenta” de cómo funciona nuestro cuerpo mediante la percepción atenta de una actividad a la cual por lo común no prestamos atención, salvo cuando tenemos una dificultad o limitación física para desplazarnos.

Como vemos el verdadero camino del “mottainai” requiere de algo más que la adhesión mecánica y formal a una idea, demanda un verdadero “despertar” de nuestro ser y así “darse cuenta” de qué significa interactuar con otros, como también consumir y a la vez cuidar de los recursos que se utilizan y también disponer adecuadamente de sus desechos, lo cual supone un lento proceso hacia un verdadero cambio de actitud personal.

Debemos estar atentos de no caer –con la fe del converso- en una falsa ideología a partir de lo que sólo puede ser una práctica de vida, cuidándonos de un aparente triunfalismo; lo nuestro será aceptable como testimonio silencioso, en vez de frotar por la nariz de los demás nuestros supuestos logros, e intentar presentarlos bajo la apariencia de lo que George Orwell definía como “la subjetiva contaminación de la verdad”.

Sin duda el peligro latente al hacer esto significará que nos habremos apartado de los ocho senderos y por consiguiente vuelto a renacer en nosotros el deseo de ser más y por lo tanto perder lo que creíamos haber logrado al caminarlos. El “mottainai” es pues un ejercicio personal, para hoy y no para mañana, a cada momento, cada hora, cada día, requiere de acciones y no declamaciones; “estar despierto” y “darse cuenta” es la clave.

La práctica no es fácil ni simple, al comienzo tal vez no lo logremos, volver a reiniciar el proceso todas las veces que sea necesario es lo que fortalece la acción, no se trata de un día, sino de todos los días, esto nos ha de ayudar a crecer en nuestro “estar despierto” y “darse cuenta” y por consiguiente robustecerá nuestro ejercicio del “mottainai”; de lo contrario, al decir de Cervantes: por la calle del mañana iremos a la casa del nunca.

[1] Desde la India, las enseñanzas de Buddha llegaron primero a China (siglo I EC) y luego a Japón (siglo VI EC)

* Saturnino Herrero Mitjans es Licenciado en Relaciones Industriales, Director de Asuntos Corporativos del Grupo Clarín. Miembro del Consejo Directivo de ESADE Business School y Comité Ejecutivo de Expoagro. Autor de "La comunicación incomunicada" y "La comunicación cosificada", editados por Editorial Temas.
 

 

 

Aplicación de MOTTAINAI en las NEURORGANIZACIONES
por Marita Copes

¿Ha escuchado alguna vez la palabra Mottainai?
-No- es la respuesta más frecuente.

... Para transitar desde el conocimiento hacia la práctica "mottainai" y explicar la reformulación de un principio en herramienta de cambio social, hemos elegido un acompañamiento de análisis y teorías de las ciencias y disciplinas existentes.

... Dando un paso simple y breve, abstraemos de la “punta del iceberg” un par de realidades y de paradojas, con la idea de señalar algunos de los aspectos en los cuales intervenir en la reformulación que proponemos, en el marco actual de crisis económico-financiera y en la prospectiva de la crisis ambiental, no debidamente considerada todavía.

Hacemos una primera inflexión en que pertenecemos a una cultura occidental, regida por un sistema de consumo derrochista, vinculada al compre y tenga, use y tire, con satisfactores suscriptos al epígrafe de tener como sinónimo del ser o valer y a merced de una demanda renovable que nos configura como sujetos deseantes crónicos, más proclives a otro nuevo deseo en la rueda sin fin, que a disfrutar lo obtenido. Esto nos ha llevado a habituar una mirada mayor en el tercer mundo, que nos depare glamour, ilusión o frivolidad, escapando de la realidad incierta o problemática, hasta que una catástrofe nos sacude y allí volcamos toda nuestra solidaridad que parecía dormida o ausente.

Desde otra perspectiva, no solemos reparar en las paradojas entre los recursos existentes y las cifras de pobreza que nos circundan. América Latina es el continente más desigual del planeta en la distribución de la riqueza, con cantidad de recursos naturales y biodiversidad que lo determinan la mayor potencia mundial, pero esta situación se enfrenta al 48% de pobreza y 18% pobreza extrema (CEPAL). Y en el orden nacional, a pesar del privilegio de todos los climas y mayores niveles de autoprovisionamiento la pobreza alcanza a 12,7 millones de argentinos con 4,7 millones de indigentes (Ecolatina, 1er semestre, 2009).

En cuanto a la producción de alimentos cifrada en un abastecimiento para 123 millones de personas, que si nunca pudo alcanzar a todos los habitantes, este año con el pronóstico de reducción a la mitad por sequía y desaliento productivo desde las políticas oficiales, presagia un incremento del mapa del hambre y la desnutrición que enmarca un paradigma de seguridad alimentaria, reformulando una administración en términos de justicia y equidad, al margen de cualquier forma de escasez.

El imperativo de una síntesis en la reformulación de MOTTAINAI como principio del máximo aprovechamiento, nos extiende el horizonte desde los recursos materiales hasta los valores, conductas y relaciones. Nos induce a repensar el marco de escasez que nos determina sin permitirnos trascender la utopía. Nos asiste ante el bloqueo de las barreras que muchas veces, erigimos nosotros mismos.

Como final de esta nota, nos sinceramos estar en un camino muy reciente. No obstante estimamos oportuno citar los conceptos de un grupo de representantes de distintas organizaciones dedicadas a la producción de objetivos sociales, que luego de un taller concluyeron sobre MOTTAINAI como "ordenador para potenciar el trabajo en la organización, definitivo componente de Capital Social, instrumento interdisciplinario integrador de distintas disciplinas que suelen poner foco en sus propias herramientas, motivación para despertarse y reinventarse a sí mismo como factor de Capital Humano, facilitador del darse cuenta primero en uno mismo (personal) para luego transferirlo a la organización y desde allí a la sociedad".

La nota completa  http://neurocapitalhumano.ilvem.com.ar/shop/detallenot.asp?notid=52
 

 

 

Material de Archivo

 Nuestro encuentro con el concepto "mottainai"

En septiembre de 2007 asistimos a la conferencia “Propuestas para conformar una sociedad sustentable basada en el reciclado” a cargo del Dr. Masaru Kitano*.
"Los problemas ambientales actuales tienen múltiples facetas donde nosotros somos, a la vez, víctimas y victimarios. Esta situación nos obliga a un cambio de nuestro estilo de vida y escalada de valores, desde la riqueza material a la riqueza espiritual" expuso.

"El desarrollo económico junto al crecimiento demográfico, llevan inevitablemente al agotamiento de los recursos esto, frente a una sociedad que se desarrolló en base a la energía y donde el consumo es un derecho adquirido, el Dr. Kitano propone una sociedad basada en el reciclado como medio para llegar a conformar la Sociedad Sustentable. La sociedad basada en el reciclado implica, control sobre la disposición de materiales y productos, re-uso de los recursos reciclables como productos o partes, reutilización de los recursos no re-usables como materia prima, recuperación térmica de recursos no re-usables o re-utilizables y disposición adecuada de recursos que no pueden reciclarse.

Como legado, dejó los cuatro principios para construir la Sociedad Sustentable:
* No explotar los recursos del suelo a mayor velocidad que la de su regeneración
* Proteger la biodiversidad y el ciclo natural
* No producir elementos diferentes de los naturales por encima de su capacidad de descomposición
* Evitar el mal uso y la distribución no equitativa de los recursos entre países ricos y más pobres

En Japón ya se están aplicando algunas medidas para lograr este cambio social, acompañado de un marco regulatorio así como de campañas de educación y difusión, herramientas que deben impulsarse desde el sector público" (1).

 


*Especialista en Sustentabilidad.
Profesor del Instituto
de Investigaciones de Ciencias en Seguridad Medioambiental, Dpto. de Química Aplicada, Facultad de Ciencias y Tecnología de la Univ. Meiji, en Japón.

(1) en rojo está la cita textual sobre la actividad, de la Revista Futuro Sustentable

 

En la ampliación de las herramientas, mostró el "furoshiki" (el arte de envolver, ver más info) y citó particularmente el concepto "mottainai".
Aquí algunos datos: la Sra Wangari Maathai, activista keniata a favor del medio ambiente y derechos femeninos, (www.greenbeltmovement.org) al conocer la palabra japonesa ”Mottainai" quedó conmovida ante la posibilidad de significar todos los matices de reducir, reutilizar, reciclar y respeto. Cumpliendo con su decisión de promoverla globalmente, la pronunció al recibir el Premio Nobel de la Paz (2004).

Desde entonces empezamos a profundizar, en su sentido espiritual y cultural para aquilatar su trascendencia en los aspectos de la vida, que tantas veces desperdiciamos, en forma irresponsable e irrespetuosa ... Y hemos adoptado Mottainai con un sentido filosófico, integrándolo en nuestra teoría del conocer para  como gesto solidario y comprensivo con la falta de costumbre de reflexionar o ejercitar el hábito de "darnos cuenta" en el modesto tratamiento del fenómeno crítico de la responsabilidad, en su primitiva esencia.
 

práctica de Mottainai en las 3 R ...

  Furoshiki - El arte de envolver

   

El furoshiki es una tela fina cuadrangular que se utiliza para envolver con elegancia y transportar cómodamente objetos de cualquier forma. Desde la era Nara (710-794) es un método tradicional japonés, pero en la actualidad está de moda entre las jóvenes japonesas y hay de diversos colores y diseño. El video muestra alguna de las formas para usarlo. 

El precio suele oscilar entre los 500 yenes hasta 20.000 yenes o más, pero los que se usan normalmente cuestan entre 1.000 y 2.000 yenes.

 

La ministra japonesa de Medio Ambiente, Yuriko Koike, propuso su uso en la vida cotidiana como alternativa ecológica para reducir el uso de las bolsas plásticas. La iniciativa se llama “Mottainai Furoshiki” ... La tela “furoshiki” es cuadrada con dimensiones de unos 60 centímetros de cada lado, y se puede doblar de varias maneras para envolver objetos que son de menores dimensiones. Además, esta tela se elabora en base a materiales resistentes, lo que permite su reutilización.

La funcionaria ha promocionado la creación de diseños modernos de esta tela de tradición, y está llevando a cabo ferias y anuncios públicos para mostrar estos productos a la población, a fin de incrementar su uso y aplicaciones. También ha diseñado esta tela con material reciclado de botella de plástico. (PET poliéster)

Los diseños modernos añaden valor y aplicabilidad a otros usos para estas telas; por lo que los “furoshikis” pueden también usarse como prendas de diseño para damas, de manera similar a la que algunos pañuelos pueden ser usados.

Se calcula que si los japoneses usaran la tela “furoshiki” para sus compras una vez a la semana, habría 600 millones de bolsas plásticas menos cada año que terminen como basura. Incluso en algunas escuelas ya se enseñan las diferentes formas de envolver con el “furoshiki”.

 
Mottainai Shopping Bag

Esta es una bolsa confeccionada en varios colores.
Se dobla con forma y tamaño de monedero. Es fácil de guardar en cualquier cartera o portafolios. Suple el uso de las bolsa de papel y de plástico, mitigando la tala de árboles y la degradación del suelo, que provoca la elaboración de ambos productos.

 

 

   

   La Cultura del Mottainai, Daniel Miyagi

En el rico idioma japonés, encontramos una palabra que tiene un significado que va más allá del uso cotidiano al que los japoneses le dan y que nos hace entender un poco más esta sociedad oriental. Esta palabra es MOTTAINAI. El equivalente en el español sería: “¡qué desperdicio!”; “es una lástima”. Por supuesto que también en occidente existe este pensamiento, pero en la cultura japonesa, tiene connotaciones históricas y religiosas, que hace que esta expresión tenga un más profundo sentido.

Empecemos explicando su uso más simple y cotidiano:
Por ejemplo, usamos “mottainai” cuando hay sobras de comida en una mesa y se desea tirarla por ser poca cantidad o porque ocupan espacio en la heladera o porque simplemente no quieran ser consumidas. Nuestros mayores, que han padecido terribles hambrunas en Japón luego de la 2ª Guerra Mundial, hasta se sienten molestos ante el hecho de desaprovechar la comida y por ello, muchos de nosotros hemos escuchado alguna vez un sermón de algún abuelo o abuela acerca de sus experiencias. Entonces, ineludiblemente se hace presente en los mayores japoneses la expresión “mottainai” y se pensará en alguna solución para no tirar esos sobrantes.
Bajo este concepto, también sucede con todo tipo de artefactos, utensilios, papelería, materiales, etc. No es de extrañar encontrarnos con casas, sobre todo de ancianos, llenas de platos viejos, cacerolas, cuchillos, tenedores, aparatos eléctricos obsoletos, libros, tornillos, tuercas y un sinfín de otros objetos. “Nada se tira, todo se guarda y se utilizará o volverá a utilizar alguna vez”. Parece como si con el tiempo, se hubiesen acumulado una montaña de cosas sin aparente provecho, pero lo cierto de esto es que efectivamente, alguna vez, no importa cuándo, se terminan utilizando.

Akio Morita, uno de los fundadores de la empresa Sony, cuenta en su libro “Made in Japan”:
“Motttainai” es una expresión que sugiere que todo lo que hay en el mundo es un don del Creador, y que debemos estar agradecidos por ese don y nunca desperdiciar nada. En un sentido literal, significa “irreverente”, “impío”, pero de modo más profundo, lleva la connotación de un sacrilegio contra los cielos. Los japoneses tenemos la creencia de que todas las cosas se dan en calidad de sagrado fideicomiso y que en realidad, sólo se nos presta para que les demos el mejor uso posible; malgastar algo se considera un pecado, hasta de algo simple, como el agua o el papel. No debe sorprender que hayamos desarrollado ese concepto, que trasciende la mera frugalidad o la conservación: es un precepto religioso. La lucha por la supervivencia, bajo la amenaza constante de tiempos duros y de calamidades naturales se transforma en una forma de vida para los japoneses y por eso, el desperdicio de cualquier cosa se consideraba como algo vergonzoso, un crimen virtual. A los japoneses nos obsesiona la supervivencia. Literalmente, todos los días la tierra que está bajo nuestros pies tiembla; pasamos nuestra vida cotidiana en esas islas volcánicas, con la constante amenaza, no sólo de un terremoto de proporciones, sino también de tifones, furiosas nevadas, diluvios de primavera. Nuestras islas casi no nos proveen de materias primas, con la salvedad del agua, y menos de un cuarto de nuestro suelo es para habitar o para labranza. En consecuencia, lo que tenemos nos es precioso.
Acostumbrados a lidiar con las privaciones y las calamidades naturales, después de la guerra algunas familias construyeron chozas, empleando fragmentos de hierro corrugado, cartón y madera. Esas familias aceptaron su mala suerte como algo que se tenía que soportar y de inmediato, se pusieron a trabajar, reconstruyendo, moldeando ingeniosamente cocinas a partir de cascotes y pedacitos sueltos de metal hechos añicos, recomponiendo los restos de material utilizable, extraído de entre las ruinas provocadas por los constantes bombardeos.

El largo período de paz que afortunadamente estamos gozando y las mejoras en cuanto a lo tecnológico que esto ha acarreado, nos brindan confort, seguridad y tranquilidad. Si nos ponemos a pensar con detenimiento, esta cultura del “mottainai” también se presenta en estos avances tecnológicos, que con tanto ingenio han logrado los científicos japoneses, buscando constantemente el provecho del más ínfimo espacio, logrando productos cada vez más pequeños y livianos, como televisores, walkman, automóviles, CDs y una infinidad de otros productos, simplemente porque es “mottainai” ese minúsculo espacio libre.
Fuente: urbanikkei.com.ar

 

     El Espíritu Mottainai por Evelyn Mendoza

... Japón posee una riqueza cultural tremenda, pero no me refiero a la ancestral que conocemos, o al menos hemos oído. Hablo de la cultura japonesa que se creó después de la guerra (WWII). Los japoneses empezaron su agresivo levantamiento de las cenizas, para luego convertirse en una de las más grandes potencias mundiales.
¿Cómo lo lograron? Bueno algo que caracterizó a Japón ... fue el espíritu mottainai. MOTTAINAI es un término japonés muy famoso mundialmente que podría traducirse en "¡Que desperdicio!" o "¡Que pérdida!", pero de donde proviene esta palabra es del negativo de MOTTAI que significa "Material", "Valor Verdadero" o "Dando respeto" por tanto el negativo de esto sería "Qué desperdicio", "No darle el valor verdadero" o "No se le da respeto". Es una expresión que sugiere la ausencia de respeto o apreciación.

Los japoneses sintieron esto cuando eran muy pocos los recursos que tenían en época de la post-guerra. Por ejemplo empezaron a valorar cada grano de arroz, pues para ellos dejar un grano de arroz era menospreciar el trabajo de los campesinos. Lastimosamente, hoy cerca de 30 millones de personas en Japón desperdician la comida diariamente, mientras que en otro lado del planeta hay 1.2 billones de personas hambrientas. Irónico ¿verdad?, bueno eso es lo que estoy aprendiendo ahora, a dar valor a los recursos de este planeta.

Empecemos con no desperdiciar el agua, ¿que tú no la desperdicias? una sencilla prueba es la siguiente pregunta, ¿usas un vaso con agua al cepillarte o dejas abierta la llave de agua mientras te cepillas? que gusto me daría saber si la mayoría dijo que usan un vaso. Sólo la gente viviendo bajo unas esteras en el desierto, podría ser más conciente que nosotros. Puedes creer que la gente en Africa que apenas tienen recursos para vivir usan 10 litros de agua por día para vivir. Sin embargo, personas que viven en los países desarrollados gastan 10 litros al usar el inodoro, 100 litros al tomar una ducha, 200 al tomar un baño, 100 litros para lavar los platos y la ropa. El volumen promedio es de 250-400 litros día.

La gente en Africa camina por horas, inclusive un par de días si es necesario. La gente en los países desarrollados no le gusta caminar 30 minutos, ni siquiera 15 minutos, pues prefieren ir en carro. La emisión de dióxido de carbono es varios cientos de veces más, recorriendo la misma distancia. La gente en estos países usan la aspiradora para limpiar, lavadora para lavar ropa, la escalera y ascensores para subir y bajar pisos. Todas estas cosas pueden ser realizadas con las manos y los pies. Sin embargo, con estos aparatos eléctricos, la emisión de dióxido de carbono es docenas o cientos de veces más.

Para la gente que no conoce el Protocolo de Kyoto, les comento que es un tratado con el que se busca la reducción de dióxido de carbono pidiendo a los países más industrializados de este planeta reduzcan dichos niveles. Todos aceptaron, bueno lo están haciendo en proporciones menores a lo requerido. Pero pueden creer que USA, que emite la tercera parte de dióxido de carbono del total emitido por los países más industrializados, lo que equivale la cuarta parte de lo que emite el planeta, simplemente rechazó ser parte de este protocolo. ¿Saben cuál fue el motivo que dió?, sencillamente que era muy difícil, casi imposible que la población americana pueda acostumbrarse a un estilo de vida diferente, eso fue todo. Mientras tanto la capa de ozono se sigue dañando, siguen ocurriendo grandes fenómenos climáticos, quizás un efecto fue el tsunami que ocurrió recientemente a la India. No es sorpresa ver que el poder económico prime en algunos países.

Espero que con lo expuesto empiecen a dar valor a lo que nos brinda la naturaleza, a no desperdiciar los recursos. Recuerden que el mayor impacto que se puede lograr es mediante el esfuerzo individual. Recuerden somos más de 6 mil millones de personas y los recursos no son suficientes, empecemos por darles un mejor aprovechamiento. ...
Fuente:  evelynmendoza.blogspot.com

 

 

La Virtud del “Mottainai”  Texto de la Oratoria de Oshimichi Ichikawa

¿Quién de nosotros no sabe lo que es tirar a la basura unas sobras de la comida?
¿O quizás botar una camisa porque esté levemente desteñida?
A nivel individual no nos parece gran cosa tirar aquello que no deseamos consumir o que haya perdido atractivo a la vista. Hasta Nieztsche ha dicho en una ocasión que el que anda en andrajos, muy elocuente se puede sentir, pero que de todos modos anda en andrajos... ¿Cuántos no se habrán apresurado a botar todo lo que parecía andrajo confiando en el filósofo?

... Un ligero vistazo a los diccionarios, nos pone al corriente de que casi todos la traducen más o menos como “sentir lástima ante el malgasto”. Le he preguntado a extranjeros amantes del japonés. Los que suelen usar este término me juran que es demasiado difícil de resumir a sus lenguas. Me causa mucha gracia ver que a veces algunos extranjeros la dicen en japonés, “mottainai”, aunque estén hablando en su lengua.

“Mottainai” tiene una epistemología singular.
Se remonta a una época tan lejana, en la que la lengua japonesa estaba en un estado de mayor pureza, en la que no usábamos importaciones como los anglicismos ni el verbo ser.
Hablábamos con una gramática y una semántica salida de la fusión con la naturaleza. Estoy ya viajando más de ocho siglos al pasado. Tenemos pues datos del uso de “mottainai” allá por la era de Kamakura, obviamente con una muy distinta connotación. Resulta que este término se derivaba de la mezcla de los radicales “motsu” que es “cosa” u “objeto”, y “tai” que significa “cuerpo” o “sustancia”. A estos dos se les añade el verbo “nai” que es “haber”, pero en negativo.
A primera vista, nos parece confuso todo esto: “objeto”, “sustancia” y “no-haber”. Es como un acertijo. Pero no tanto, si lo pensamos bien. Como decía, los japoneses huían de verbo “ser”, prefiriendo los verbos de cambio como “naru”, que es “devenir”. No le veían una identidad a las cosas. De hecho ni teníamos esa palabra, “identidad”. Pero sí le veíamos una función, un devenir natural, a todas las cosas. Cada cosa era como un pedazo proveniente del cosmos, una sustancia, pero en cambio, o sea una sustancia-función.
Por eso “mottainai”, en negativo, es la denegación que sufre el objeto que no poder llegar a cumplir con su función natural completamente. “Mottainai” es una traición a la naturaleza, a la vida.
Sentir el “mottainai”, como una virtud, nos obliga a reconsiderar todo nuestro alrededor. Lo pienso con frecuencia incluso en mi trabajo. Hago de cajero en mis horas libres. Así me he enterado de que en Japón los cajeros entregamos unos 28 mil millones de bolsas plásticas al año. Casi dos diarias por persona.
En el comercio internacional es peor. ¿Saben del banano del Ecuador? Una parte enorme del banano ecuatoriano lo obtiene Japón. De todo eso no llega a nuestros labios ni un tercio, porque el ojo japonés se ha hecho caprichoso. En los puertos se bota cualquier fruta que tenga leves manchitas o pequeñas deformidades que ni en Europa le importarían a nadie. ¡Qué “mottainai”! ¡Qué fácil es olvidar a los más de 800 millones de humanos que carecen de pan!
Ni al arroz respetamos ya. Siendo un país que importa gran parte del arroz, botamos un mínimo de 7 millones de toneladas de arroz sólo en sobrantes de los supermercados. ¡Quién sabe en los hogares! Las noticias de los 200 millones de hambrientos en la India, y de los 70 millones en Brasil, son sólo eso, noticias, nada más. Seguimos botando la comida, valiosas telas, el papel, las materias primas. Les negamos su derecho a cumplir su función, les negamos su derecho a enriquecer nuestras vidas. ¡Qué “mottainai”!
Fuente: Blog tendai-hispania-kaiwakai-comunicacion