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 Protocolo de Kyoto

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  Las empresas que intentan entrar en la onda verde, Clarín  
  Negociaciones con dudas, GADIS  Calentamiento Global (online)
  Sistema de apoyo para cumplir con el Protocolo de Kyoto  más info en Sección Cambio Climático en este sitio

Aclaraciones preliminares
1. El presente contenido excluye la promoción comercial de los productos y servicios de la fuentes citadas. El enfoque de sus referencias, está alineado al exclusivo aporte instrumental de sus herramientas y a la posibilidad de inspirar nuevas opciones y adaptaciones en contextos eventuales (regionales y locales).
2. Esta sección contiene copias textuales de las fuentes de origen. Podemos no estar de acuerdo con todos los conceptos vertidos. En todos los casos estamos dispuestos a compartir las diferencias de interpretación u opiniones, que se nos hagan llegar a través de nuestro mail de  contacto

 

   Las empresas que intentan entrar en la onda verde
   A un año de la firma del Protocolo de Kyoto, por Damián Kantor

En total son 165 proyectos de nuevas inversiones en la Argentina, que prometen reducir la emisión de gases tóxicos. La mayoría son propuestas de forestación, quema o reutilización de gases en rellenos sanitarios y tratamientos de desechos industriales y animales, que generarían alrededor de 150 millones de dólares anuales. Y los entendidos dicen que esto es sólo el principio.
Se trata del mercado de los denominados bonos de carbono, que premia el uso industrial de tecnologías limpias que ayuden a frenar el proceso de calentamiento global del planeta. Es el instrumento acordado y ratificado por 157 países, con el aval de las Naciones Unidas, en el marco del Protocolo de Kyoto, que dentro de once días, el 16 de febrero, cumple su primer año de vida.
Este pacto internacional refleja la preocupación de las naciones industrializadas por los perjuicios que causan sus industrias a la atmósfera. Y las compromete a reducir emanaciones tóxicas un 5,2%, promedio, por debajo de los niveles de 1990. Son las empresas de esos países, sin embargo, las que tienen metas para reconvertir sus fábricas, o invertir en naciones en vía de desarrollo, como la Argentina, comprando bonos que hace un año cotizaban a 4 dólares y hoy están al doble.
"Si todos los proyectos presentados el año pasado en la Argentina fuesen aprobados, se eliminarían el equivalente de entre 15 y 20 millones de toneladas de dióxido de carbono. Según sea la cotización de los bonos es posible esperar ingresos en torno de los US$ 150 millones", dijo una fuente del Gobierno y añadió: "Hay que tener en cuenta que estos son los proyectos de los que ya tenemos conocimiento directo, pero hay otros en preparación que expandirían estas cifras".

Rellenos redituables
La secretaría de Ambiente y Desarrollo, a través del Fondo Argentino de Carbono, es la encargada de recibir y constatar los proyectos presentados por las compañías. Hasta el momento, 6 ya fueron aprobados a nivel nacional (para eliminar casi 2,5 millones de toneladas de dióxido de carbono) y 3 de ellos cuentan con el visto bueno de la ONU.
Una de estas inversiones, que ya está funcionando, es un contrato que firmó la empresa holandesa Van der Uiel con el CEAMSE, la sociedad estatal que depende de los gobiernos porteño y bonaerense, y que se encarga de administrar los rellenos sanitarios en el conurbano. La iniciativa se basa en la captación y quema de gas metano en el basural de Villa Domínico. La basura deja muy buenos dividendos, porque en la tabla de equivalencias, la tonelada de metano representa 23 toneladas de carbono.
El CEAMSE tiene firmados otros tres contratos, que se encuentran en distintas etapas de evaluación, y que funcionan así: las empresas se hacen cargo de las instalaciones y pagan un 30 por ciento de las utilidades de los bonos al organismo.
El ingeniero Guillermo Botero está a cargo de otra de las iniciativas a través de Ariabiz, una sociedad entre ASJA, de capitales italianos y una empresa del grupo Pescarmona. Sobre la rentabilidad de la inversión, estimada en 8 millones de dólares, dijo que no tiene certezas y que es un negocio a 10 años y de alto riesgo. "Ocurre que aún no hay un valor de mercado para los bonos".
Sin embargo, el ejecutivo se mostró optimista: "Uno aspira a que el precio pueda subir y que la energía podamos venderla. Pero el proyecto tiene un estimado de 3 millones de toneladas en el transcurso de 10 años", agregó.
¿Son muchos o pocos los 6 proyectos presentados por la Argentina en la ONU? A enero de este año hay unos 950 proyectos en todo el mundo que están en diferentes etapas de evaluación, y que reducirían unas 1200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, que equivalen a 1200 millones de bonos.

El mecanismo establecido en el Protocolo de Kyoto, prevé la compra-venta de créditos de emisión y metas para que los países industrializados bajen la contaminación. Los que sobrepasen esas metas (o que no tengan ninguna), pueden vender sus excedentes a los infractores, en un mercado que se irá conformando hasta 2007, pero que entrará en vigencia al año siguiente.
Muchos especialistas dudan de los resultados del acuerdo porque 4 naciones industrializadas no ratificaron el acuerdo de Kyoto, entre ellos Estados Unidos y Australia. Estos dos países son responsables de emanar el 33 por ciento de la polución industrial que recalienta el planeta.
A grandes rasgos, hay dos grandes centros de demanda de bonos: uno es la Unión Europea, que debe reducir emisiones un 8 por ciento, es decir, un 3% por encima del promedio mundial. En ese continente hay unas 12 mil instalaciones contaminantes. Y se negociaron en 2005 proyectos por 4500 millones de euros. Allá, estos bonos verdes a futuro cotizan hoy 24 euros.
El otro mercado es el Mecanismo para un Desarrollo Limpio. En él participa la Argentina. El año pasado se negociaron US$ 850 millones. Se calcula que el total de la demanda, contando Europa, Canadá y Japón, considera eliminar 4000 millones de toneladas de dióxido de carbono.

La misión
El Banco Mundial se muestra muy activo a la hora de captar esta clase de negocios. En Buenos Aires, el responsable del Programa Ambiental, Carter Brandon, ante una consulta de este diario, explicó la función del organismo en este nuevo mercado verde.
"Hay varios fondos de países que quieren comprar esa clase de bonos en los países en vías de desarrollo, y que han contratado al Banco Mundial. España quiere poner cerca de 500 millones de dólares", señaló el funcionario.
Brandon opina que en Chile "hay muchos proyectos" financiados en parte por el Banco Mundial. "Tenemos un rol clave en crear el mercado. En Chile hay dos usinas hidroeléctricas. En la Argentina, financiamos parte de uno en Olavarria, sobre captura de metano, pero tenemos en proceso de aprobación otros cinco proyectos más".

Mencionó uno de reciclaje, en Tucumán, en Chubut, también de captura de metano; dos de reforestación, uno en Chaco y en otro en Buenos Aires. "Lo que es fundamental es que tenemos un compromiso con el Gobierno para comprar hasta el 40 por ciento del valor de los bonos cuando se aprueben proyectos.
"El valor por tonelada de carbono, hoy en el mercado mundial oscila entre 6 y 7 dólares, pero al momento de cumplir el contrato eso puede cambiar. En mi opinión, en materia de presentación de proyectos, Chile y China son los más avanzados, y después Brasil. En la Argentina y México, la movida recién comienza, pero hay mucho potencial", concluyó.
En el sur del país, Jorge Zavatti, jefe de departamento de Control Ambiental de Aluar, en la planta de Puerto Madryn, cuenta que elaboraron una iniciativa que apunta a reducir 120 mil toneladas anuales, durante un plazo de 10 años.
"Está referido a una innovación tecnológica que produjo nuestra gente con las cubas de produccion de aluminio. Lo hicimos con MGM, una consultora internacional. Está en etapa de prueba, y es el único de este tipo que anda dando vueltas en el mundo".
Si la idea prospera a nivel nacional, y lo aprueban las Naciones Unidas, Zavatti se esperanza con acreditar los primeros bonos recién a mediados de 2007.

Una papelera chilena que usa tecnología limpia
En medio de las controversias por la construcción de las papeleras en Uruguay por la supuesta contaminación, Gustavo Fernández Protomastro, biólogo y director de Ecogestionar, una consultora dedicada a los negocios ecológicos, sostiene que si los procesos de fabricación de celulosa se realizan con tecnologías limpias, el proyecto incluso podría llegar a acreditar los bonos de carbono.
El especialista argumentó que una empresa chilena, CMPC, la principal fabricante de celulosa de aquel país, está gestionando el pedido ante las Naciones Unidas. "El Protocolo de Kyoto establece que todo proyecto industrial que utilice energías alternativas a los combustibles fósiles -dijo Protomastro a Clarín- podrían resultar beneficiados".
Los cuestionamientos a la actividad de las papeleras, añadió, son las emisiones de cloro que afectan al agua y también a la atmósfera. "En Uruguay sostienen que para procesar la celulosa utilizarán el sistema Kraft. Esto implica la utilización de calderas y cloro, lo que genera una alta generación de vapor, que si están bien tratados no contaminan", dijo.
En Chile es común la utilización del vapor para la generación de electricidad. Según Protomastro, estas inversiones podrían encajar muy bien dentro de lo establecido en el denominado Mecanismo de Desarrollo Limpio, que premia a las nuevas inversiones que reducen las emisiones de gases que propician el efecto invernadero.
CMPC es pionera en Chile en la fabricación de celulosa y papel. Y genera negocios a través de las filiales y plantas industriales que posee en Chile, Argentina, Perú y Uruguay. Según informa el sitio oficial de la empresa en Internet, "las modernas plantas de celulosa no sólo se autoabastecen, sino que generan un excedente de energía. Se trata de una industria impulsada por la energía solar, la cual puede ayudar a reducir el uso de fuentes de energía no renovables como petróleo, carbón y gas".
Esta empresa, además, realiza numerosas campañas de educación en ámbitos escolares sobre el cuidado del medio ambiente. Si los auditorías de la ONU lo comprueban, la compañía podrá capitalizar bonos verdes.
Fuente: Clarín, 5 de febrero de 2006

 

     Negocios con dudas

El Protocolo de Kyoto abrió oportunidades de negocios que antes no existían.
Si bien los países latinoamericanos no son parte de la lista de naciones industrializadas, sí forman parte del mercado de bonos de carbono. En verdad, estamos compitiendo con Asia y Africa como proveedores de Certificados de Reducción de Emisiones (CER), ya que estos países, al igual que los de nuestra región, descubrieron la importancia de participar.
En México y Chile hay pequeñas centrales hidroeléctricas en reemplazo del gas natural como combustible. En Brasil, al igual que en nuestro país, los proyectos más avanzados apuntan al gas metano de los rellenos sanitarios. En las Ciudades de Bogotá y Santiago se han generado proyectos a partir de la eficientización de los sistemas metropolitanos de transporte público.
Sin duda el mercado de CER tiene riesgos asociados a varios factores. Algunos de ellos tienen que ver con la estabilidad política y económica imperante en la región, la capacidad institucional de cada país, la seriedad del proyecto a ejecutar, la capacidad técnica de las empresas que los llevan a cabo.
¿Son estos los proyectos a los que Latinoamérica debiera destinar recursos o estos debieran dirigirse, aunque sea en forma parcial, a paliar otras necesidades humanas más básicas y demoradas en la región ?
Graciela Gerola. PRESIDENTE DE AIDIS
Fuente: GADIS, Publicado por Enlaces : Febrero 5, 2006 


 

 

Sistema de apoyo para cumplir con el Protocolo de Kyoto

El Comité de Cumplimiento del Protocolo de Kyoto, orientado a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero ha comenzado operaciones dirigidas a apoyar y aconsejar a los países que están teniendo dificultades para cumplir con los requisitos establecidos en el Protocolo de Kioto, según informó esta semana la Convención Marco sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (UNFCCC, por sus siglas en inglés).
En este sentido, el jefe de la Secretaría sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, Richard Kinley, aseguró que un mecanismo de cumplimiento fuerte y eficaz de los acuerdos de Kioto "es clave para el éxito de la puesta en práctica del Acuerdo".
Por su parte, el director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Klaus Toepfer, manifestó su satisfacción por el lanzamiento de este nuevo sistema de apoyo al cumplimiento de Kioto entre los países con mayores dificultades.
Asimismo, indicó que tras este reciente anuncio "los beneficios del acuerdo deben ser legalmente vinculantes", ya que "de ello depende la integridad del Pacto y de sus provisiones, en particular la credibilidad de los mercados de venta de emisiones".
De esta forma, Toepfer añadió que con el refuerzo de este acuerdo el Comité de Cumplimiento del Protocolo "tiene el poder de determinar las consecuencias para los países que no están cumpliendo con los requisitos".
Asimismo, apuntó que esta iniciativa ha sido diseñada con el fin de ayudar y aconsejar a los países y sobre todo a las empresas sobre la mejor forma de amoldarse a las exigencias del Protocolo.
El Protocolo de Kioto se puso en marcha en 1997, con la participación de 35 países industrializados y de la Unión Europea que acordaron reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero en un 5% respecto a los niveles de 1990, entre los años 2008 y 2012.  Por este motivo, los veinte países miembros del Comité de Cumplimiento del Protocolo tratará de forma específica los casos de incumplimiento, así como el aumento de las exigencias para otros países.
Se trata, según Toepfer, de una necesidad urgente, ya que "los signos del cambio climático están a nuestro alrededor", como por ejemplo en el deshielo del Ártico y de los glaciares producidos por el calentamiento global. Es un fenónemo "real", dijo, y los objetivos de Kioto "son modestos y factibles", para conseguir reducir el impacto sobre la atmósfera de los gases contaminantes, en especial en países desarrollados.
Fuente: ComunicaRSE (Europa Press)  Marzo de 2006