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El reto actual está en la identificación de los generadores de valor de las
empresas que deberían ser incorporados a un modelo común de presentación de
información acerca del capital intelectual. |
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Emma García-Meca,
Profesora del Departamento de Economía Financiera y
Contabilidad de la
Universidad de Murcia.
Durante los últimos años hemos asistido a un importante crecimiento en el
empleo de los términos "activos intangibles" y "capital intelectual" para
referirse a la información no financiera relativa a la estructura
organizativa, formación del personal y proyectos de I+D, entre otros, y la
investigación sobre ellos se ha configurando en una de las principales
preocupaciones de los organismos reguladores, cuerpos emisores de normas y
académicos (en este artículo se utilizan los términos "activos intangibles"
y "capital intelectual" como sinónimos). Tal como argumenta Lev, "los
intangibles han existido siempre, pero con la llegada de las nuevas
tecnologías han cambiado radicalmente la estructura de las empresas, donde
los intangibles son el principal valor de los negocios de economías
desarrolladas".
Dado que existe gran variedad de inversiones en intangibles no reconocidas
en balance por sus problemas de falta de identificación, reconocimiento y
medida, las empresas cuentan con dos tipos de intangibles: los reconocidos
de forma contable y las inversiones en intangibles que no son susceptibles
de ser reflejadas como activos de la empresa. Éstas últimas sólo aparecerán
en el caso de que sean adquiridas a un tercero en las transmisiones de
negocios, recogiéndose bajo el nombre de Goodwill, pero ¿a qué nos referimos
cuando hablamos de activos intangibles?
A pesar del desmesurado esfuerzo dirigido a la investigación contable sobre
intangibles, no existe una definición generalmente aceptada de éstos, ya que
la propia naturaleza de los intangibles es la que impide cualquier consenso
relacionado con su definición. Así, en la actualidad, el campo de los
activos intangibles constituye una materia controvertida, al existir un
amplio debate acerca de los activos que deben considerarse de esa
naturaleza. La mayor parte de las definiciones propuestas parece estar de
acuerdo en que los activos intangibles o capital intelectual son fuentes
generadoras de probables futuros beneficios, carentes de sustancia física y
controladas por la empresa como resultado de previos sucesos o
transacciones.
Los problemas derivados de la falta de información sobre intangibles han
dado lugar a numerosos esfuerzos internacionales, tanto públicos como
privados, dirigidos a incrementar la utilidad de los estados financieros en
el actual entorno económico. La mayoría de las propuestas tiende a la
clasificación y medición de los activos intangibles como solución más eficaz
y menos costosa para su gestión por los directivos y su revelación al
mercado. Los modelos de clasificación y medida surgidos en los últimos años
pueden ser clasificados en dos grandes grupos:
Métodos financieros, basados en la utilización de medidas financieras,
ilustran el valor financiero del capital intelectual de la compañía.
Ejemplos: ratio market to book, ratio Q de Tobin, Economic Value Added
(EVA), etc.
Métodos no financieros, derivados en su mayoría de la disciplina de
organización de empresas, reflejan individualmente los distintos componentes
del capital intelectual de la empresa a través de indicadores no
financieros. Ejemplos: Balanced Scorecard, Monitor de Activos Intangibles,
etc.
Los métodos financieros, clasificados por Sveiby en métodos de
capitalización del mercado y de rendimiento de activos, son de utilidad en
fusiones, adquisiciones, valoraciones del mercado y comparaciones entre
empresas pertenecientes a la misma industria. Por otro lado, los métodos
basados en indicadores no financieros, aunque son específicos de cada
entidad y, por tanto, difícilmente comparables, reflejan de una manera más
comprensible la riqueza de la empresa, al no limitarse al uso de medidas
financieras.
Como señala el RSA Inquiry, "las medidas financieras no comunican la
verdadera riqueza de una compañía, no definen su resultado en términos
competitivos, ni la creación de valor a través de aspectos como la calidad
de sus productos o la velocidad de respuesta de sus servicios;
consiguientemente, las empresas que empleen únicamente medidas financieras
están exponiendo a sus accionistas a un riesgo innecesario".
Apoyándose en la afirmación anterior, los métodos no financieros se
caracterizan por su flexibilidad y múltiples opciones, así como por su
enfoque, orientado hacia la representación del valor más que hacia la
fiabilidad y objetividad. El problema de estos métodos radica en su
medición, ya que la mayor parte de los diferentes ítems clasificados como
perspectivas del capital intelectual es difícilmente evaluable con la
información suministrada por los estados financieros, por lo que es
necesario recurrir a información no contenida en los estados tradicionales
básicos y revelada de forma voluntaria por la empresa.
En la actualidad, la mayor parte de las propuestas apuesta por el empleo de
modelos no financieros para la obtención de una imagen global del capital
intelectual de la compañía.

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Métodos no financieros
de clasificación y medición de intangibles
El abundante número de modelos no financieros de medición de intangibles
surgidos en la última década y la gran similitud entre la mayoría de ellos
han provocado que nos decantemos por analizar únicamente aquellas propuestas
que han trazado nuevos caminos o figuran entre las más recientes.

El cuadro de mando integral ('Balanced Scorecard')
Desarrollado en los inicios de la década de los noventa en Estados Unidos,
el Balanced Scorecard está formado por un conjunto de medidas que permiten a
los directivos obtener una visión rápida y global de su negocio. Este
balance, tal como se detalla en el cuadro 1, complementa las medidas
financieras indicativas de las acciones ya tomadas y englobadas en la
perspectiva financiera con medidas operativas representativas de los futuros
resultados de la entidad (satisfacción de los clientes, innovación de la
organización, etc.) y agrupadas en tres perspectivas:
1. Perspectiva de clientes: los directivos deben identificar los aspectos
más valorados por los clientes de la empresa, aspectos tales como tiempo,
calidad, resultado y servicio, y trasladar estos objetivos a específicas
medidas que nos informen del valor de la empresa para su base de clientes.
2. Perspectiva interna del negocio: la empresa debe identificar los aspectos
críticos y característicos de la empresa en su éxito competitivo, aspectos
que permiten satisfacer las necesidades de los usuarios y relacionados, por
ejemplo, con el diseño, capacidad tecnológica o fabricación de sus
productos. Estas competencias deben ser medidas con vistas a identificar
aquellas necesidades de mejora que permitan asegurar su continuidad en el
mercado.
3. Perspectiva de innovación y aprendizaje: la empresa debe identificar
aquellos aspectos que le permiten crear nuevos productos, crear más valor
para sus clientes, mejorar su eficiencia operativa y, en definitiva,
difundir su conocimiento, con vistas a penetrar en nuevos mercados, crecer y
mejorar sus beneficios. Estos aspectos pueden ser medidos a través de
indicadores relacionados con su habilidad para introducir nuevos productos
(porcentaje de ventas) o, incluso, con medidas relacionadas con el tiempo
medio de maduración de sus productos.
Como ejemplos de los indicadores más habituales que pueden utilizarse en el
cuadro de mando integral pueden citarse los siguientes, para cada una de las
perspectivas:
a. Perspectiva de clientes: cuota de mercado, incremento de clientes,
satisfacción de los clientes y rentabilidad de los clientes.
b. Perspectiva de los empleados: motivación, número de sugerencias,
formación, productividad y antigüedad de los empleados.
c. Perspectiva de innovación y aprendizaje: porcentaje de ventas de nuevos
productos, tiempo preciso para desarrollar nuevos productos, plazo de
producción, plazo de entrega de pedidos, tasa de productos defectuosos y
rotación de las existencias.
Siguiendo a Roos y otros, las limitaciones de este modelo están relacionadas
con las desventajas competitivas derivadas de la revelación de información
relacionada con la estrategia de la empresa. Asimismo, sugiere que las
medidas de cada perspectiva deben estar afectadas por las acciones de la
unidad, ser coherentes con objetivos a corto y largo plazo, y ser fiables,
para compensar así sus limitaciones derivadas de su baja facilidad de uso y
complejidad en su desarrollo.

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Navegador de Skandia
Aunque el cuadro de mando integral de Kaplan y Norton es uno de los
conceptos más ampliamente usados, la visualización de los intangibles en
términos no financieros no es exclusivo de ellos, ya que a finales de los
años ochenta se comenzó a conceptualizar en Suecia la representación y
medición de los principales componentes del capital intelectual de una
empresa.
La compañía sueca de seguros y servicios financieros Skandia es considerada
la primera gran compañía en hacer un coherente esfuerzo en la medición de
sus activos del conocimiento; partiendo del modelo de contabilidad
tradicional como un sistema diseñado para presentar el pasado, aprecia el
capital intelectual como un instrumento de navegación del futuro, por lo que
estima necesaria la elaboración de un mapa que capte todo el valor oculto de
la empresa (véase el cuadro 2).

Dicho valor oculto, representativo de las capacidades actuales y futuras de
la organización, es clasificado en varias formas básicas:
- Capital humano: recoge las capacidades individuales, conocimientos,
destreza y experiencia de los empleados.
- Capital estructural: infraestructura que incorpora, forma y sostiene al
capital humano. Se define como el conjunto de conocimientos que permanece en
la empresa al final de la jornada laboral. Comprende las rutinas
organizativas, los procedimientos, los sistemas, las culturas, las bases de
datos, etc. Está compuesto por tres tipos de ca-pital:
Capital organizacional: inversión de la empresa en sistemas, herramientas y
filosofía operativa.
Capital innovación: capacidad de renovación y resultados de la innovación en
forma de derechos comerciales protegidos, propiedad intelectual y otros
activos intangibles usados para crear nuevos productos y servicios.
Capital clientela: relaciones de la empresa con clientes, medidas a través
de índices de satisfacción o longevidad, entre otros.
Mediante la combinación de los componentes identificados del capital
intelectual, desarrollaron un marco de trabajo destinado a representar de
forma dinámica y oportuna las fuerzas impulsoras de valor, en un instrumento
denominado "El Navegador de Skandia", el cual emplea como factor clave el
enfoque humano, al ser la inteligencia activa de la organización.
Según Edvisson y Malone, este informe, a través de medidas financieras y de
nuevas medidas referidas al capital intelectual, recoge la experiencia,
tecnología, organización, relaciones con clientes y conocimientos
profesionales que dotan a Skandia de una ventaja competitiva en el mercado.
Consiguientemente, el número de clientes, clientes ganados/clientes perdidos
(enfoque clientes), PC por empleado (enfoque proceso), gastos marketing por
cliente, edad medida de las patentes (enfoque renovación y desarrollo),
tiempo de formación y rotación anual del staff (enfoque humano) son algunas
de las 112 medidas que conforman el informe del capital intelectual y que
hacen de éste una declaración de indicadores no financieros que comportan
rendimientos financieros e influyen en éstos.
A pesar del amplio reconocimiento a Skandia por sus esfuerzos en la medición
de los activos intangibles, su modelo también ha sido objeto de críticas
derivadas de la falta de significatividad de algunos de sus indicadores o de
la falta de representación de los flujos dinámicos de la organización. En
cualquier caso, el Informe Anual de Skandia para 1994 ha marcado época en la
historia de la estandarización del capital intelectual de las compañías.

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El Monitor de Activos Intangibles

Sveiby, reconocido internacionalmente como pionero en el estudio de la
gestión de organizaciones intensivas en conocimiento, considera que los
activos intangibles de la empresa pueden ser ubicados dentro de las tres
categorías siguientes (véase el cuadro 3):
Componente externo: incluye las relaciones con clientes y proveedores,
nombres de productos, marcas registradas y reputación o imagen de la
compañía.
Componente interno: incluye las patentes, ideas, estructuras de
funcionamiento y la organización administrativa e informática de la empresa.
Competencia individual: recoge la experiencia y formación de los empleados,
con lo que, consiguientemente, mide su capacidad para crear activos tanto
materiales como intangibles.
En su modelo conceptual identifica tres indicadores de medida (crecimiento y
renovación, eficiencia y estabilidad) para cada una de las clasificaciones
propuestas de intangibles:
1.Indicadores de crecimiento e innovación: recogen el potencial de futuro.
2.Indicadores de eficiencia: tratan de comprobar si los valores
seleccionados son realmente activos.
3.Indicadores de estabilidad: evalúan el grado de permanencia de los activos
en la empresa.
La medición de los distintos componentes de cada una de estas perspectivas
debe realizarse según Sveiby con valoraciones no financieras, habida cuenta
de que no existe ningún sistema completo que permita evaluar los activos
intangibles con valoraciones monetarias.
Aunque es similar al cuadro de mando integral con respecto al uso de
indicadores no financieros basados en los objetivos estratégicos de la
empresa, existen importantes diferencias entre ambos métodos, ya que el
Monitor de Activos Intangibles, orientado a la "perspectiva del
conocimiento", fue diseñado con la finalidad de medir los activos
intangibles y no como instrumento de gestión interna. Este modelo está
basado en la noción de los empleados de la empresa como fuentes generadoras
de riqueza y valor, y sugiere el uso de medidas que indiquen el cambio en
los activos, como el crecimiento, renovación, eficiencia y estabilidad.
Asimismo, su estructura externa no sólo está referida a los clientes, sino
que también puede englobar medidas relacionadas con otros agentes externos
relevantes para la empresa. Algunas de las empresas que siguen este modelo
para informar acerca de su capital intelectual son Celemi, PLS-Consult y WM-Data.

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Índice de Capital
Intelectual
Una de las primeras empresas en emplearlo fue Skandia, en el suplemento de
su Informe Anual de 1997. Su índice parte de la existencia de tres unidades
de medida empleadas en las diferentes categorías del capital intelectual:
porcentaje, monetaria y recuento directo (ésta última se destina a la
conversión en alguna de las dos anteriores). Así, asumiendo dos unidades de
medida: monetaria y porcentaje, los 21 indicadores monetarios
representativos de los cinco enfoques del navegador de Skandia se combinan
para producir un valor (C) del capital intelectual, mientras que los
indicadores porcentuales se combinan para producir el coeficiente de
eficiencia (i) del capital intelectual, que capta la velocidad, posición y
dirección de la organización:
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Capital Intelectual
Organizacional = I x C |
Elaborado por Roos y otros, este índice consolida todos los indicadores
individuales de capital intelectual en un único índice no financiero,
correlacionando sus cambios con variaciones en el valor de mercado de la
compañía.
Según sus autores, este tipo de índices mejora la visualización del proceso
de creación de valor de las empresas al no limitarse a la información de los
distintos componentes del capital intelectual, facilitando su elaboración al
evitar largas listas de indicadores que requieren un entendimiento de las
relaciones existentes, medidas por parte de los directivos. Sus ventajas
pueden resumirse en los siguientes puntos:
Medida idiosincrásica.
Enfoque global y dinámico del capital intelectual.
Capaz de tener en cuenta resultados de períodos previos.
Permite entender los efectos de una determinada estrategia, facilitando la
elección entre dos alternativas mediante la utilización del índice.
Índice corrector de sí mismo en la medida en que, si no refleja cambios en
el valor de mercado de la compañía, la elección de indicadores o pesos puede
ser incorrecta.
Sin embargo, este índice cuenta con la subjetividad derivada de la elección
de sus indicadores y las ponderaciones para cada uno de ellos.

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The Value Creation
Index
Derivado del índice creado por Roos y desarrollado por el centro para la
innovación del negocio "The Cap Gemini Ernst & Young Center", el Índice de
Creación de Valor (VCI) tiene como objetivo otorgar a los managers y
propietarios una completa visión del potencial de creación de riqueza de las
empresas, dando a los inversores un fiable y comprensible instrumento para
evaluar los activos intangibles de una compañía y el proceso por el que
generan valor.
Reconociendo la dificultad de modelizar la correlación existente entre las
compañías y su riqueza, desarrollan un modelo que, a partir de las
combinaciones de las diferentes categorías clave de activos intangibles,
evidencie el resultado de la empresa en esas categorías y permita también
medir el impacto de los activos intangibles en el valor de mercado de la
compañía. Así, construyen indicadores para cada una de las categorías de
aspectos generadores de valor de su muestra, la cual fue clasificada en
empresas de productos duraderos, no duraderos e Internet. Tras identificar
la capacidad de cada value driver para explicar el valor de mercado más allá
del que podía ser atribuido a los estados contables tradicionales, las
categorías fueron pesadas para formar el Índice de Creación de Valor.
La representación gráfica de esta metodología se muestra en el cuadro 4, en
el que se reflejan algunos de los indicadores representativos del generador
de valor "alianzas de la empresa". Esta variable y otras como la innovación
o la calidad conforman el Índice de Creación de Valor.

Sus ventajas se derivan del empleo de métodos que consolidan los indicadores
individuales de intangibles en un solo índice. Según sus creadores, este
modelo no cuenta con la subjetividad de otros intentos de medición de
activos intangibles, por lo que permite observar la correlación existente
entre los generadores de valor no recogidos en los estados financieros y el
valor de mercado, y abarca un amplio rango de activos intangibles. Asimismo,
se elaboran índices para diferentes industrias, lo que respalda la visión
idiosincrásica de las medidas no financieras. A diferencia del índice
anterior, el peso de cada indicador en el índice se basa en su relación con
el valor de mercado, lo que según sus autores permite mayor exactitud en la
medición del impacto individual de cada activo intangible. Además, una de
las principales ventajas de este instrumento es que permite demostrar que la
información no financiera que los directivos consideran importante
(satisfacción de la clientela, tecnología, etc.) puede que no coincida con
los indicadores que el índice muestra relevantes para el mercado.

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Value Reporting
El concepto del Value Reporting implica aumentar la información no
financiera que la empresa comunica al público, que abarca, además de a los
inversores, a analistas, a organismos reguladores y a cualquier tercero.
PricewaterhouseCoopers, institución creadora de este modelo, ha realizado
encuestas entre distintos sectores de actividad de todo el mundo para
determinar unos parámetros generales sobre información no financiera
demandada y unos indicadores específicos para cada sector. Dicho modelo, que
promueve la información sobre activos intangibles e indicadores no
financieros, pretende hacer desaparecer la brecha encontrada entre lo que
las compañías aportan y lo que el mercado demanda; para ello, la empresa
deberá realizar un auto-diagnóstico para determinar esa brecha, ver si la
información está o no disponible, y, si no lo está, diseñar sistemas
internos de medición para obtenerla a través de indicadores nuevos.
El modelo se compone de cuatro partes. El primer elemento requiere que la
compañía proporcione una clara e insesgada visión del mercado en el que
opera e informe sobre la dinámica del sector y las condiciones reguladoras y
competitivas, así como acerca de la cuota y el crecimiento del mercado. En
la segunda parte se requiere una clara y concisa definición de la estrategia
de crecimiento y de creación de valor para los accionistas. En el tercer
elemento del modelo, las compañías informarán de cómo se está ejecutando la
estrategia de la compañía, de los indicadores empleados para medir el
resultado financiero y el riesgo, y del valor creado por los negocios
individuales y los grupos de operaciones.
El último elemento del modelo está basado en la acción tomada por la
gerencia para ejecutar la estrategia e invertir en las actividades creadoras
de valor a largo plazo, lo que requiere un claro enfoque en los activos
intangibles, como la innovación, las marcas, la reputación, la cartera de
clientes o los empleados. Algunas de las empresas que han implantando
exitosamente el modelo son Volvo, Barclays, Dow Chemical, Xerox, BT y
Siemens, entre otras.

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The Value Chain Scoreboard
La falta de información sobre el proceso de innovación de la empresa es uno
de los aspectos que Lev considera culpables de la falta de relevancia de los
estados financieros. Las inversiones de la empresa en procesos de
investigación y desarrollo (formación de los empleados, adquisición de
software, etc.) son llevados a gastos de la empresa, lo que provoca que
empresas intensivas en estos gastos registren descensos en sus beneficios
contables cuando en realidad estas empresas acumulan activos que aseguran
los beneficios futuros. Asimismo, el valor generado tras la adquisición de
una patente, el éxito de un test beta o la aprobación del gobierno de un
medicamento por una empresa farmacéutica es ignorado por nuestro sistema
contable, basado en el registro del valor generado únicamente mediante
transacciones con terceros.
Tras la observación del proceso de generación de valor en la economía basada
en el conocimiento, Lev elabora una matriz de medidas no financieras con el
objeto de comunicar información sobre el proceso económico de la innovación,
proceso que divide en tres momentos o fases del tiempo:
- 1
Descubrimiento de ideas para nuevos productos, servicios y procesos. Estas
ideas son adquiridas básicamente a partir del proceso de innovación interno
de la empresa, aprendizaje, imitación y acuerdos de investigación.
-
2
Implantación de los descubrimientos mediante su implantación como propiedad
intelectual o factibilidad tecnológica con tests específicos. Internet y sus
tecnologías ofrecen medidas cuantitativas que indican la factibilidad
tecnológica.
-
3
Comercialización de los nuevos productos y servicios, que implica el éxito
del proceso de innovación.
Su cadena de valor es transformada en un conjunto de medidas no financieras
cuantitativas, estandarizadas y fácilmente asociables con indicadores de
valor como la productividad o los rendimientos de las acciones.
A diferencia de otras matrices de indicadores no financieros, Lev clasifica
las medidas en las diferentes etapas del ciclo de desarrollo y
comercialización de la empresa y aconseja no utilizar más de diez o doce
indicadores para cada compañía. Sin embargo, el aspecto clave y
diferenciador con respecto al resto de los modelos se basa en su
recomendación de emplear medidas similares para todas las empresas, con la
finalidad de garantizar comparaciones en tareas de valoración, y estima de
limitada utilidad indicadores como la satisfacción de la clientela, que
considera medidas idiosincrásicas de las compañías, difícilmente medibles y
comparables.
Sin embargo, como sostiene el FASB, ¿cómo podemos definir medidas
cuantificadas y estandarizadas de su cadena de valor tales como el saber
hacer codificado o las comunidades de práctica?

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Los Estados de Capital Intelectual
Los integrantes del proyecto europeo Meritum plantean un marco de referencia
internacional para la identificación, medición y difusión sobre los
determinantes intangibles del valor de las empresas. Partiendo de la
clasificación de Edvisson y Malone, distinguen entre capital humano, capital
estructural y capital relacional:
Capital humano: integrado por el conocimiento que el empleado se lleva
cuando abandona la empresa.
-
Capital estructural: conjunto de conocimientos que permanece en la empresa
al final del día.
-
Capital relacional: conjunto de recursos ligados a las relaciones externas
de la empresas con sus clientes, proveedores o socios de I+D.
A este respecto se define una herramienta para la difusión de información
sobre intangibles: el Informe de Capital Intelectual. Dicho informe (véase
el cuadro 5) se compone de tres elementos:
-
1 -
La visión de la empresa, que constituye una declaración de los gerentes
sobre los objetivos estratégicos de la empresa y los intangibles asociados a
ellos.
-
2 -
Un resumen de los recursos intangibles en poder de la empresa y de las
actividades intangibles realizadas para desarrollarlos, mantenerlos o
incrementarlos.
-
3 -
Un sistema de indicadores para medir los recursos poseídos y las actividades
realizadas.

El objetivo del Estado de Capital Intelectual no es calcular el valor del
conocimiento de la empresa en términos financieros, sino que más bien estos
datos revelan los esfuerzos de la compañía por obtener, desarrollar,
compartir y extender las fuentes de conocimiento requeridas para asegurar
futuros resultados. La elaboración de este informe aporta las siguientes
ventajas para la empresa:
- Estimula el desarrollo de nuevos productos, fortalece las relaciones con
terceros y asegura una correcta aplicación de las nuevas tecnologías en la
producción.
- Constituye una herramienta para la gestión del conocimiento, con lo que
crea valor para la compañía.
- Ayuda a que la organización se centre en desarrollar sus fuentes de
conocimiento, mostrando los efectos de tales actividades.
- Con relación a los empleados, contribuye a la creación de una cultura de
compartir el conocimiento, mayor comunicación y una identidad común en la
empresa, lo que ayuda a atraer nuevos empleados.
- Mejora la comunicación entre la compañía y sus clientes.
Este informe es diferente a otros estados suplementarios que, como el
balance medioambiental, están dirigidos a explicar cómo la compañía maneja
los efectos de actividades no deseables para la sociedad. El Estado de
Capital Intelectual refleja el esfuerzo de la compañía por crear y
desarrollar recursos y competencias, y por hacerlos más eficientes.
En resumen, los distintos modelos aquí propuestos para valorar el capital
intelectual, que aparecen reflejados en el cuadro 6, emplean una metodología
similar en su elaboración, ya que en primer lugar identifican los activos
intangibles de la compañía en varios componentes que combinan empleados,
clientela y organización, y posteriormente adoptan indicadores destinados a
la evaluación del capital intelectual "componente a componente". Una de las
características fundamentales de estos modelos es que todos ellos reflejan
la necesidad de equilibrar las tradicionales medidas financieras con
indicadores no financieros representativos del capital intelectual y del
continuo proceso de creación de valor de la empresa. Consiguientemente,
estas mediciones permiten a las compañías conocer sus resultados financieros
y visualizar simultáneamente su progreso en el desarrollo de capacidades y
adquisición de activos intangibles que generan crecimiento.

Siguiendo a Eccles, la construcción de este tipo de modelos no financieros
requiere el empleo de diversas fuentes de información que permitirán el
desarrollo de diferentes medidas:
- Medidas que ya existen: las medidas derivadas de los estados financieros
son a veces usadas en estos modelos; sin embargo, desempeñan un modesto
papel en el desarrollo de medidas no financieras.
- Medidas que no existen, pero que pueden ser creadas mediante la agregación
de datos: un ejemplo representativo es la "rentabilidad por cliente".
- Medidas que no existen y que requieren una nueva metodología que puede ser
generada por la organización: un ejemplo es la medida relacionada con el
esfuerzo de la fuerza de ventas de la compañía o el liderazgo de sus
directivos.
- Medidas que no existen, que requieren una nueva metodología y datos de
organizaciones externas a la compañía: las bases de datos de determinadas
empresas pueden generar determinada información más fiable y válida que la
que la compañía puede conseguir. La cuota de mercado o la satisfacción de la
clientela son algunos de los posibles ejemplos.
Sin embargo, la valoración del capital intelectual también cuenta con
numerosos inconvenientes, derivados de los siguientes aspectos:
- Valoración de los activos intangibles de la empresa, sujetos a
incertidumbre, subjetividad y dificultad, no sólo en la medición, sino
también en la propia interpretación de los valores de sus indicadores (por
ejemplo, grado de satisfacción de la clientela, rotación del personal o
inversión en formación). La valoración de los activos intangibles es
realizada con medidas heterogéneas que entrañan diferentes grados de
subjetividad (pesetas, porcentajes e índices, entre otros), por lo que los
indicadores, en su mayoría, no son de aplicación a todas las compañías, al
ser diferentes las fuentes de creación de valor de cada una de ellas.
- Un sistema de medición sólo tiene sentido si permite la comparación de sus
valores; sin embargo, los indicadores de medición del capital intelectual
son difícilmente comparables entre empresas y sectores.
- Muchos gestores consideran que estos datos carecen de interés. En este
sentido, en la encuesta realizada por Mazars se observó que dos tercios de
los empresarios británicos, españoles y franceses entrevistados eran reacios
a la introducción de indicadores de capital intelectual en sus empresas.
Los intentos de proteger al inversor individual con la medición de esta
información pueden dar lugar a un sistema que permita mayores abusos.
No existe ningún modelo riguroso para este tipo de evaluaciones.

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Consideraciones finales
En una época caracterizada por la globalización, competencia, revolución
tecnológica y cambios en la naturaleza de los activos generadores de valor
en las empresas, la información contable, aunque constituye el referente
primordial para evaluar la gestión pasada de la compañía y la base para la
toma de decisiones de inversión, no es suficiente para la valoración de la
empresa y la realización de hipótesis de futuro. Así, la información
aportada por los datos contables se aleja cada vez más de la necesaria para
representar las fuentes de valor y riqueza económica, y estimar los futuros
beneficios y cash flows de las compañías, información estrechamente
relacionada con aspectos tales como el liderazgo, la calidad de los
directivos o la imagen de marca de la empresa.
Las limitaciones de la información económico-financiera y el papel
fundamental que desempeñan los intangibles como fuente de creación de valor
en las empresas han dado lugar a numerosos esfuerzos internacionales tanto
públicos como privados dirigidos a incrementar la utilidad de los estados
financieros en el actual entorno económico. La mayor parte de las propuestas
trata de proporcionar un marco de referencia para la gestión y difusión de
información sobre intangibles y tiene como objetivo la medición del valor
del capital intelectual de la empresa a través de la identificación de sus
distintos componentes.
Así, son cada vez más las empresas que complementan sus cuentas anuales con
modelos de clasificación y medida del capital intelectual, en los que
informan de su capital humano, relacional y estructural. El Balanced
Scorecard, el Monitor de Activos Intangibles o el Estado de Capital
Intelectual elaborado por el grupo Meritum son sólo algunos de los modelos
hasta ahora propuestos. Las compañías que deciden emplearlos no sólo
consiguen dar una visión de sus activos intangibles a la comunidad
inversora, sino que también obtienen una visión más amplia de su capital
intelectual, con lo que compiten de manera eficiente y adquieren ventajas
competitivas sostenibles.
A pesar de la necesidad de gestionar y comunicar el capital intelectual de
la empresa, la incertidumbre, la subjetividad, los posibles abusos, la falta
de un modelo riguroso y la ausencia de comparabilidad entre los ya
existentes son importantes limitaciones de los modelos actuales de
clasificación y medición de intangibles. No obstante, la necesidad de
identificar y medir el valor del capital intelectual es muy grande y la
actual falta de consenso demasiado costosa para permitir que volvamos atrás.
El reto actual está en la identificación de los generadores de valor de las
compañías que deberían ser incorporados a un modelo común de presentación de
información acerca del capital intelectual, marco que compensará los
problemas derivados de la falta de precisión de la información actualmente
revelada. Aunque el trabajo no es fácil, consideramos que la labor de los
organismos contables nacionales e internacionales es fundamental en esta
cuestión. Su postura debe estar dirigida a facilitar líneas que orienten y
faciliten la identificación, medición, manejo y presentación de los
intangibles de la empresa.
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