Capitalismo ¿Con Conciencia?  Editorial 15 de abril de 2013

Abordamos esta cuestión de conciencia, con dos perspectivas diferentes.

En la primera parte, la conciencia aplicada a los negocios acotados al modelo capitalista.

En la segunda, pretendemos contraponerle un breve enfoque transdisciplinario de la “evolución de la conciencia” generada en la cultura que cambia “el sí mismo de las personas que la conforman”.

 

 Conciencia: desde el diccionario

La palabra proviene del latín conscientia  y significa con conocimiento.

Esta palabra alude al acto psíquico por el cual el individuo se percibe a sí mismo inserto en el mundo.

Se puede hablar de distintos tipos de conciencia: individual, social, emocional, psicológica, moral, etc.

En este primer recorte, desde la crítica analítica de Antonio VivesCumpetere- "¿Sabía Ud. que el capitalismo con conciencia rinde 10 veces más beneficios?” en su envío semanal del 14 de abril pasado, dice:

El sitio de blogs del Harvard Business Review acaba de publicar un artículo con el título: Empresas que practican el “capitalismo con conciencia” –CCC- rinden 10 veces más.  ¿Han encontrado la solución a todos los problemas de sostenibilidad?  Lo que hay que hacer es practicar el capitalismo con conciencia y tendrán 10 veces más beneficios que las demás empresas.  Imagínense lo que podrán hacer con todos esos beneficios.  Podrían ser más responsables.
… Según los autores, las empresas con conciencia son aquellas que tienen: 1.- Integración con sus stakeholders; 2.- Liderazgo consciente; 3.- Cultura y gestión consciente; y, 4.- Elevado propósito y valores.  Parece ser la definición de buena gestión.  El subtítulo del libro también se las trae: Liberando el espíritu heroico de los negocios.
… Dicen que “la RSE está basada en la falacia de que la estructura básica del negocio está contaminada o es a lo sumo éticamente neutral” y la RSE es para redimir pecados. 
Presentan una tabla comparativa con los defectos de la RSE y las virtudes del CCC.  Entre los supuestos defectos de la RSE, citan: “Independiente del propósito y cultura de la empresa”, “Visión mecanicista de la empresa”, “Poca superposición entre el negocio y la sociedad”, “Se puede cubrir con filantropía”.  ¿Sabía Ud. que esto es la RSE?
… Tampoco la Creación de Valor Compartido –CVC- de Porter y Kramer se salva de sus crítica, de hecho critican todos los conceptos que le preceden.  Dicen que a la creación de valor económico y social en la empresa le faltan los “motivadores emocionales y espirituales, que son críticos”.  No basta con compartir el valor como parte del negocio, hay que hacerlo con motivación emocional y espiritual.
… El titulo se deriva de una observación circunstancial de los rendimientos en bolsa de 18 empresas, comparados con el índice S&P de 500 empresas.  Como no existe tal cosa como una certificación independiente de “empresas con consciencia”, las 18 empresas son seleccionadas por el co-autor del libro (parece que solo encontró 28 de las cuales 18 cotizaban en bolsa, que cumplieran con lo que quería demostrar) en base a características como su propósito, generosidad en la remuneración, calidad del servicio al consumidor, inversión en la comunidad e impacto sobre el medio ambiente.  ¿Define esto a empresas con conciencia, a empresas con responsabilidad o simplemente a empresas bien gestionadas?
Estas 18 empresas tuvieron rendimientos en la bolsa de 10.5 veces el índice S&P sobre el período 1996-2011. Le iría mejor poniendo una oficina de corretaje de bolsa de empresas con conciencia que escribiendo libros.  O mejor todavía, invirtiendo en ellas.  ¿Cuáles?

Pero, ¿qué tiene de malo aquella aseveración?  El problema es que no se ha demostrado nada.  Pueden tener mejores rendimientos porque están mejor gestionadas, o porque se seleccionaron las que tenían mejores rendimientos (los criterios son muy generales, debe haber miles de empresas que los cumplan, ¿por qué estas 18?) o puede ser que las empresas con altos rendimientos se dan el lujo de pagar mejores sueldos, invertir en la comunidad, etc. (la causalidad no ha sido demostrada).
En resumen, el análisis es sumamente circunstancial, los criterios son sumamente generales y la conclusión no se puede usar para gestionar las empresas.  ¿Qué hay que hacer? ¿Ser consciente? Como dijo uno de los comentaristas al artículo: “La próxima gran idea: Los conductores conscientes conducen 100% mejor que los inconscientes”.
Además, son estas exageraciones las que hacen perder la confianza del público sobre las actividades responsables de las empresas. La exageraciones y los análisis tergiversados no son conducentes para la promoción de prácticas responsables.
Obviamente que las prácticas responsables pueden conducir a mejores rendimientos a nivel de empresas individuales,  pero de allí a generalizar que las empresas que practican capitalismo con conciencia (¿todas?) tienen rendimientos 10 veces superiores y sobre un periodo de 15 años es un poco difícil de creer.  Centenares de estudios estadísticos más completos no han podido demostrar la superioridad generalizada de prácticas responsables en los rendimientos en bolsa.
En vez de seguir inventado nombres y confundir el asunto, nos conviene dedicar nuestros esfuerzos a IMPLEMENTAR y reducir la brecha entre la retórica y la práctica.
En las próximas semanas escribiré un artículo más extenso sobre los múltiples nuevos apellidos que se les dando al “capitalismo” para, supuestamente, contrarrestar los vicios del capitalismo a secas, sin apellido.
La nota completa desde aquí 
http://cumpetere.blogspot.com.ar/2013/04/sabia-ud-que-el-capitalismo-con.htm
 
El enfoque transdisciplinario.
En esta segunda parte, adaptamos del artículo "Aprender una Nueva Conciencia" de Hugo Basile -Ser Transpersonal- lo siguiente:

La historia del hombre es la historia de la evolución de la conciencia… La cultura cambia cuando cambia el sí mismo de las personas que la conforman” Ken Wilber
La intención es ver en los diferentes niveles evolutivos de la sociedad, las diferentes etapas de la evolución del sujeto.
Freud sostenía, por ejemplo, en “Tótem y tabú” que, haciendo una analogía entre los primitivos y los neuróticos: “ es preciso tener en cuenta las diferencias reales. Cierto es que ni el salvaje ni el neurótico conocen aquella precisa y decidida separación que establecemos entre el pensamiento y la acción. En el neurótico la acción se halla completamente inhibida y reemplazada por la idea. Por el contrario, el primitivo no conoce trabas a la acción. Sus ideas se transforman inmediatamente en actos. Pudiera incluso decirse que la acción reemplaza en él a la idea.”
El primer nivel de estructura que dominamos es lo corporal, y el cuerpo es acción. Dos procesos posteriores, la emoción (implícita en la acción), y la razón, configurada en torno al lenguaje, van a ser los dos pasos posteriores en el desarrollo.
La capacidad de simbolizar, de poner en palabras, propia de lo humano, pone tiempo entre la emoción y la acción, y eso nos transforma en seres racionales, pero que aún así podemos actuar irracionalmente (los torturadores lo hacen con pleno uso de la razón). Sin embargo, no es este el límite del desarrollo, ya que acción y pensamiento no nos han permitido resolver la cuestión humana.

Es aquí donde emergen 3 tipos de conciencia, tres estructuras que se van reconociendo, trascendiendo e integrando (lo corporal, lo emocional, lo racional) redefinidas socialmente en: Conciencia de masa. Conciencia de individuo. Conciencia de parte
Como sostenía Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” la conciencia de masa, gobernada por lo instintivo y lo emocional, absorbe en el número, a lo individual en el hombre, generándole la sensación de poderlo todo. Es la omnipotencia de la ignorancia propia de la infancia.
La conciencia de individuo, más racional, lo separa de la masa y lo centra en sus diferencias y en sus intereses personales; se manifiestan con la lógica que les impone el mercado. El “lo quiero todo y lo quiero ahora” del chico que te asalta en la calle, que no puede simbolizar entre su necesidad y la acción, para frenarla. Un mercado tan lógico y racional que se expresa en lo ilógico de la miseria.
La conciencia de parte, hace que el sujeto se observe como sujeto individual, también pueda observarse como sujeto social, como parte de un todo más amplio, que es el conjunto de la sociedad, donde tanto lo emotivo como lo racional es puesto al servicio de algo que trasciende a ambos, que es el conjunto, pero un conjunto diferenciado, diferente de la masa.
Para adquirir conciencia de parte. Pero para un individuo, adquirir conciencia de parte implica ser educado en ello, y esta educación debe ser parte de un proyecto de país (Estado y organizaciones civiles). Poder entender al otro como un legítimo otro, requiere de una práctica educativa que tenga como base a los derechos de ese otro como humano. De una educación para la sociedad y no para el mercado, donde la otredad queda anulada por imperio del individualismo.
Existen dos modelos educativos como mínimo, pensados con esta función, ambos avalados por las Naciones Unidas: el modelo de Educación Popular de Paulo Freire, y el modelo para la Educación del Futuro de Edgar Morín.

El mercado como fuerza centrípeta
En el documental “Voces contra la Globalización”, el escritor Eduardo Galeano cuenta una historia en la que un cocinero pregunta a los animales de granja sobre cómo quieren ser cocinados, y algunos de ellos le dicen que no, que ellos no quieren ser cocinados. El cocinero contesta que solo se les da la opción del como, pero que el ser cocinados no está en discusión.
En cierta forma, el futuro que la globalización y el mercado nos presenta no es un misterio para nadie: al mismo tiempo que absorbe a todas las economías de los países más débiles, haciendo más fuertes a los económicamente fuertes, expulsa a todos aquellos que no pueden o no quieren ser absorbidos. Esta fuerza centrípeta para algunos y centrífuga para otros, no solo actúa a nivel económico, sino que lo hace en todas las áreas de nuestra vida.
La inmediatez en la que vivimos es resultado precisamente del efecto de esta fuerza.
La racionalidad ha llegado a su máximo desarrollo, y tanto se ha perfeccionado que ha logrado desprenderse de lo emotivo, de lo cotidiano, incluso, del sentido común. Y la resultante es una razón absurda, irracional y también psicópata.
El mercado es abstracto, y por más que es manejado por personas, el mismo no se identifica con las personas, sino con los números. Las empresas, pero por sobre todo las corporaciones, van perdiendo cada vez más su identificación con las personas con tal de obtener ganancias, y cuando un hombre deja de identificarse con otro hombre con el solo fin de lograr sus objetivos, a ésto, le llamamos psicopatía.
También le llamamos psicópata a aquel que es incapaz de autocrítica, y considera que una acción del otro “lo obliga” a actuar con violencia contra el conjunto.

Las acciones son definidas por el contexto
Lo que refuerza la idea de la conducta irracional, también surge al observar el contexto en el cual se desarrolla: contaminación ambiental, de la flora y la fauna por medio de pesticidas de probado perjuicio para el ser humano y para la vida, desbalance de la economía general en beneficio de la particular, subempleo y trabajo en negro, evasión de impuestos, inflación, etc.
Si observamos a futuro el resultado de este conjunto de acciones en un marco mundial complejo, el resultado es previsible, sin embargo, no existe la conciencia suficiente para tomar el conjunto de una manera responsable, y esto ya no depende ni de una necesidad ni de una ideología política, sino de una incapacidad propia de las sociedades, en mayor o en menor escala, ya que tampoco escapan de este contexto las sociedades llamadas desarrolladas.
Estamos entonces ante una humanidad cuya supervivencia quizás dependa, en este contexto, de su posibilidad o imposibilidad de dar ese salto evolutivo necesario, que es pasar de la conciencia de individuo a la conciencia de parte.
Un cambio en el sí mismo es lo que produce un cambio en la cultura, y ese sí mismo cambia si es educado para tal fin. Los países y sus estados cambian si cambian las personas que lo conforman, desde la participación pública y de la privada.

Equipo de Código R