Complejidad y Responsabilidad - Editorial 29 de abril, 2013

Inspirada en el rol que define Paulo Freire “de quien no sólo constata lo que ocurre, sino también de quién interviene como sujeto de lo que va a ocurrir”, hay en esta editorial, algunas reflexiones sobre cómo aplicamos la Responsabilidad en un marco complejo, que integre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Haciendo un breve enfoque del acontecer de esta semana, nos ubicamos ante dinámicas complejas en una perspectiva algo “críptica, de la complejidad, con un lenguaje poco conocido y con un sofisticado desarrollo metodológico, que puede asustarnos en un primer momento. Nos asusta la complejidad, por eso huimos de ella refugiándonos en la simplificación. Pero simplificar el comportamiento humano no nos permite ni describirlo, ni conocerlo, ni comprenderlo, ni explicarlo. El paradigma de la complejidad nos permite aprehender más adecuadamente el comportamiento de sistemas complejos como las organizaciones que configuramos … Aceptar y asumir la complejidad, significa abrir nuestras teorías y nuestras prácticas a sus conceptos de borrosidad, no linealidad, emergencia, caos, autoorganización, fractalidad, coevolución, catastrofismo, orden caótico, equilibrio inestable, todos conceptos ineludibles en una disciplina como la Psicología Social, que se ocupa de las relaciones humanas y la salud de los vínculos que se dan en el terreno de «lo social». (1)

La complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre… De allí la necesidad para el conocimiento, de poner orden en los fenómenos rechazando el desorden, de descartar lo incierto, es decir, de seleccionar los elementos de orden y de certidumbre, de quitar ambigüedad, clarificar, distinguir, jerarquizar… Pero tales operaciones, necesarias para la inteligibilidad, corren el riesgo de producir ceguera si eliminan a los otros caracteres de lo complejo.” (2)

La complejidad es el desafío, no la respuesta… la simplificación es necesaria, pero debe ser relativizada … yo acepto la reducción consciente y no la reducción arrogante que cree poseer la verdad simple, por detrás de la aparente multiplicidad y complejidad de las cosas… la complejidad es la unión de los procesos de simplificación que implican selección, jerarquización, separación, reducción, con los otros contra-procesos que implican la comunicación, la articulación de aquello que está disociado y distinguido; y es el escapar de la alternativa entre el pensamiento reductor que no ve más que los elementos y el pensamiento globalista que no ve más que el todo.” (2)

En las conclusiones finales de “La democracia necesita tanto de los conflictos de ideas como de opiniones que le den vitalidad y productividad” que expresa Edgar Morin, agregamos la visión psicosocial de la Responsabilidad, integrando los sentimientos y las acciones que subyacen en dos acuerdos iniciales:

  • No se trata de ser perfectos, sino de la capacidad de “hacemos cargo” ante el rigor de “dar cuenta” para transitar el camino de la legitimación desde el origen, la toma de decisiones y la gestión de resultados.

  • Reconocernos ante el juego del poder que es inevitable en lo cotidiano; la cuestión es transformarlo en poder hacer; la diferencia está en cómo lo manifestamos y en qué contextos.

Desde este lugar, las formas y los recursos son múltiples, para involucrarnos según nuestras posibilidades y decisiones. El problema central se encuadra en una lectura de la realidad que nos demanda movernos tanto en lo antagónico como en lo complementario y nos ubica ante dos emergentes alternativos. Uno es “El poder debe equilibrarse siempre con la responsabilidad; de lo contrario es tiranía pero además, sin responsabilidad el poder degenera en falta de resultados y las organizaciones tienen poder aunque sólo sea poder social., Peter Drucker” (3)

El otro, es la construcción de Poder Social apuntando a la trascendencia, a las formas de acción que generen Riqueza Social, a la calidad de ciudadanía que formula los ajustes institucionales necesarios y reduce todo tipo de vulnerabilidades.

Si se tratara de "piedras" en el camino a transitar, valdría recordar que: El distraído, tropezó en ella. El violento, la usó como proyectil. El emprendedor, la usó para construir. El campesino, cansado, la usó como asiento. El niño, la usó como juguete. Drummond, la usó como inspiración. David, la usó para matar a Goliat. Y Miguel Ángel, sacó de ella una bella escultura. En todos estos casos, la diferencia no estuvo en la piedra sino en el hombre.

Queda el final abierto para avanzar “pase lo que pase” o procurando evolucionar, involucrados en el rescate desde este escenario complejo, la esencia de la responsabilidad como la piedra más preciosa.

Marita Copes, responsable de Código R.

Las referencias incluyen adaptaciones
(1) Complejidad y Psicología Social de las Organizaciones, Juan Pastor y Antonio García-Izquierdo
(2) Introducción al Pensamiento Complejo, Edgar Morin